Por: Juan Carlos Gómez

La montañade papel

La realidad de la justicia en Colombia no puede ser un tema episódico de coctel o sobremesa.

El asunto debe estar en la agenda diaria de la opinión pública y de la actividad estatal. La semana pasada la Universidad Javeriana realizó un foro sobre las reformas de la justicia implementadas a través de las leyes 1285, 1394 y 1395. El evento fue un ejemplo de por qué el país tiene que oír a la academia. En sólo una mañana, siete disertaciones, directas y concretas, abordaron desde diversas ópticas la problemática de la justicia y plantearon soluciones puntuales.

Destaco las exposiciones de mis maestros de hace casi treinta años, Carlos Álvarez, Gustavo Cuello y Rafael H. Gamboa, tan lúcidos y eruditos como entonces.

Álvarez lamentó que el legislador cambiara lo que marchaba bien en la justicia laboral y el desmejoramiento de ciertos derechos de los trabajadores.

Cuello defendió al poder judicial de los ataques injustos que muchas veces le lanzan las otras ramas del poder público olvidando que nos corresponde a todos realizar el valor de la justicia. La torpeza y venalidad de muchos funcionarios públicos en el ejercicio de la actividad contractual son culpables en un gran porcentaje de la congestión judicial que padecemos. Rafael H. pidió un compás de espera frente a los cambios legislativos y una actitud de aceptación frente a sus desaciertos; al fin y al cabo no hay leyes perfectas y sin la calidad profesional de los jueces y una actitud de verdadero servicio, no hay reforma que valga.

En el mismo foro otro distinguido jurista, Juan Carlos Galindo, hizo una dramática descripción del atasco de la justicia administrativa, que sólo podría resolverse si se crearan muchas más plazas. Me llamó la atención su sugerencia en el sentido de que los jueces y abogados aprendieran a escribir breve. Digo yo, no vendría mal una ley que limitara a no más de diez páginas las sentencias y demandas. Así podría disminuirse hasta en 90% la montaña de papel que inunda a los despachos judiciales en plena era de la información digital. Que se prohiba la ecolalia judicial, diría Unamuno.

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