El país de las maravillas

La moraleja nacional

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A juzgar por los comportamientos conocidos, está cada vez más lejos la posibilidad de que los colombianos vayamos a ser mejores personas cuando pase la parte más grave de la crisis por el COVID-19.

El discursito motivacional se agota no solo en la indisciplina social frente al aislamiento, manifiesta crudamente en esas más de 120 rumbas y fiestas sexuales descubiertas que son solo la punta del iceberg medaunculista de nuestro talante forjado en el atajismo y el traquetismo. Ese talante se traduce no solo en la violación de la ley, sino en la reivindicación pública de hacerlo para envidia de propios y extraños, o se expresa en la indolencia de autodeclarados ciudadanos de bien que esclavizan, y lo justifican, a empleadas del servicio doméstico, vigilantes, conductores o mensajeros.

 

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