Por: Uriel Ortiz Soto

La muerte del hipopótamo

La misión y visión del Ministerio del Medio Ambiente, debe estar orientada y definida dentro de los parámetros  de preservación y conservación de los recursos naturales y la defensa de las especies en vía de extinción. Con lo que acaba de ocurrir, queda plenamente demostrado que tan delicada labor está en manos de verdaderos ignorantes del oficio. 

Hay que mirar este caso con mucha seriedad y detenimiento para saber el escenario de repudio mundial donde nos han transportado tan incapaces e irresponsables funcionarios, que encontraron en la muerte a bala del inocente hipopótamo, el camino más expedito, creyendo que con semejante arbitrariedad estaban cumpliendo fielmente con sus deberes. ¡Qué ironía y qué horror! Los argumentos que esgrimen para justificar tan absurda decisión, no es más que el reflejo de su poca preparación para desempeñar tan delicada misión. Es indudable que ya nos encontramos en el ojo del huracán ante los organismos internacionales encargados de proteger estas especies. Nos deben estar maldiciendo en tal forma, que muy posiblemente, -si no se buscan salidas diplomáticas de explicación a los gobiernos de los Países de donde son originarios estos mamíferos -, vayamos a ser condenados como País paria, en la administración y conservación  de semejantes tesoros del reino animal. Lo más vergonzoso, es que todo se proyectó mediante, Acto Administrativo, avalado y consentido por el Ministro del Medio Ambiente, que en mi concepto con su viceministra y el director de Corantioquia, deben ser destituidos fulminantemente de sus cargos, para tranquilidad de la opinión pública.
 
Cuando se vieron en la encrucijada, empezaron a inventarse mentiras, como que: “constituyen grave peligro para la comunidad por su alto grado de agresividad; que son portadores de varios virus”, y quién sabe qué más estupideces se les ocurrirá inventarse en el futuro en aras de defender sus chanfainas. Tenemos  declaraciones de varios lugareños que manifiestan que “ya se habían acostumbrado a su presencia, que ningún mal les han causado”; así mismo que están abismados con tan absurda decisión y listos a emprender una campaña para no dejar masacrar a los 25 sobrevivientes que quedan. 

Es indudable que tan atípica y monstruosa determinación, tendrá sus repercusiones  y lo más grave con impacto en las ayudas económicas y de asistencia técnica para la conservación de las especies en vía de extinción que en nuestro País son muchas. Los hipopótamos en referencia, pertenecen a la familia de los: mamíferos, no son originarios de Colombia, pero, llevan treinta y nueve años adaptándose a nuestro medio ambiente y lo más importante con incremento poblacional. Son varios los zoológicos del País que están dispuestos a recibirlos o darles albergue temporal mientras se soluciona su permanencia definitiva.

La pregunta del millón: ¿qué va a pasar con los demás hipopótamos, que en los actuales momentos son buscados afanosamente para darles muerte? ¿Será que las balas oficiales se detienen mientras alguna institución del orden nacional o internacional los acoge?  Lo más acertado es que se busquen sitios de albergue así sean temporales con el fin de recluirlos y colocarlos a salvo de la ignorancia de los organismos oficiales que para vergüenza de nuestro País continúan empecinados en masacrarlos.

Escuchados varios ecologistas y directores de zoológicos, se ha llegado a la conclusión, que en Colombia, no estamos preparados para atender casos tan delicados como el que acabamos de presenciar. Sencillamente los funcionarios encargados de este manejo no tienen la capacidad profesional, ni humana, ni científica, para adoptar medidas de conservación y de adaptación de nuestras especies naturales. Con justificada razón vemos, como en varias regiones, han desaparecido verdaderos tesoros de los tres reinos naturales. Es verdaderamente preocupante por ejemplo recorrer el Eje Cafetero, otrora paraíso de gran diversidad de aves y animales silvestres y hoy son la naturaleza muerta y triste desolación; hasta los bosques, ríos y quebradas se han secado, ante la indiferencia del Estado. Cuanto nos costará a los contribuyentes sostener estos burócratas ociosos que solo buscan el camino más fácil para cumplir con sus arrogantes y detestables  funciones.

 

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