La mujer justa

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El extinto Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) y el Departamento Administrativo de la Presidencia de la República (Dapre) fueron condenados por los seguimientos ilegales contra un magistrado auxiliar de la Corte Suprema de Justicia en el ejercicio de sus funciones.

“Mientras tanto nosotros, su familia más cercana, hemos guardado silencio...”*

María Victoria Gil e Iván Velásquez se conocieron en 1972 cuando cursaban bachillerato, ingresaron juntos a la Universidad de Antioquia y se casaron en 1979. Tuvieron tres hijos: Catalina, Laura Carolina y Víctor Javier.

¿Por qué narcotráfico, políticos, Ejército y Policía tuvieron en la mira a Iván Velásquez?

Como procurador de Antioquia, documentó los lujos de La Catedral. Tras la fuga de Pablo Escobar, la familia Velásquez quedó en medio del fuego cruzado entre los Pepes y el jefe del Cartel de Medellín. Desde la Procuraduría investigó los “auxilios” que distribuían diputados y concejales, y desveló violaciones a los derechos humanos cometidas por la fuerza pública.

María Victoria y los niños, entre 4 y 12 años, permanecían encerrados en la casa; no intuían la tormenta próxima: “Como en los circos romanos, nos llevaron al ruedo a pelear –sin ningún arma– contra leones, nosotros no éramos ni la cola del ratón”.

“La ausencia de un sentido espiritual que guíe los destinos del país y de todos nosotros ha venido resolviéndose por décadas en una narrativa del odio...”*

Iván Velásquez nunca ha investigado a Álvaro Uribe. Ni siquiera como magistrado auxiliar de la CSJ a cargo de la parapolítica.

“El doctor Uribe desató una persecución contra Iván: mis hijos y yo fuimos objeto de seguimientos e interceptaciones. Significó un infierno”, recuerda ella.

En aquellos años del miedo, “fuimos obligados a actuar en escenas fabricadas por autores que no nos permitían conocer ningún papel en esa obra que para nosotros era nuestra vida –continúa–. Detrás del telón están los que creen que nos pueden manejar como marionetas, construir una imagen nuestra más allá de nuestra propia humanidad”.

“Durante algunos años nuestra familia sintió la gratitud del fervor popular por el compromiso y la entrega de Álvaro Uribe…”*

Algunos amigos de los Velásquez que trabajaban en entidades públicas se alejaron por miedo a perder sus empleos.

“Aún nos sentimos solos”.

“Uribe acudió a todos los mecanismos para tratar que Iván fuera echado de la Corte, procesado en el caso Tasmania. Renunció al cargo de magistrado auxiliar, retiro provocado por integrantes del Cartel de la Toga”.

La persecución superó las fronteras: solicitó que lo expulsaran de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala.

“Del terrible fuego febril que enciende el cielo vespertino y lluvioso a nuestro alrededor, ¿surgirá algún día el amor?”*

“En ayudas tanto nacionales como internacionales fuimos invisibles, y demasiado visibles para nuestros agresores”. A pesar de todo, nunca le pidió a su marido que renunciara, trataba de ocultar su angustia y la de sus hijos (hoy, todos dedicados al derecho).

Ningún dinero puede resarcir el daño. Lo peor para esta mujer es la pérdida del sentido de verdad y justicia: “La sociedad colombiana no conoce la verdad, que es la raíz de la justicia”. Conclusión apenas justa.

El Dapre deberá realizar un acto público de perdón y promesa de no repetición ante esta familia.

* Comunicado de Lina Moreno de Uribe.

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