Por: Ernesto Guhl Nannetti *

La naturaleza en el conflicto armado

Se dice con frecuencia que la naturaleza debe estar fuera del conflicto armado. Lamentablemente esto es imposible, pues está en su misma raíz.

 

El año entrante se cumplen los 30 años de la iniciación de los atentados al medio ambiente recurriendo a la voladura de oleoductos. El hecho mismo de que hayan pasado todos estos años, pone en duda la efectividad de ésta cruel e incomprensible acción violenta. A pesar de ello la frecuencia e intensidad de los atentados seguido aumentando hasta llegar al último que realizado contra el oleoducto Transandino en Nariño,que afectó de manera irreparable el medio ambiente costero y marino de una de las zonas más ricas en biodiversidad del país y dejó sin agua potable a la población de Tumaco y a los campesinos cercanos a los ríos que recibieron el derrame y con enormes dificultades para recibir atención en salud y educación y sin posibilidades de pescar, para mencionar algunos de los efectos más directos sobre la población civil.

También durante estos 30 años la población colombiana se ha preguntado cómo es posible que los grupos guerrilleros, que dicen buscar la justicia y el bien del pueblo, sean quienes atenten permanentemente contra un bien público de la importancia del medio ambiente, que nos da la vida y nos pertenece a todos y perjudiquen a decenas de miles de compatriotas en las regiones más pobres y alejadas del país. Atacar la naturaleza es atacar nuestro territorio y su capacidad de soporte de la vida y el progreso social.

Tal vez la respuesta sea que dinamitar un oleoducto es algo muy sencillo, poco costoso y poco riesgoso y que tiene un gran impacto mediático. Basta detonar un explosivo en cualquier tramo desprotegido y de difícil acceso del oleoducto. Con esto se supone que se perjudicará a las empresas petroleras y se defiende el patrimonio colectivo, pero de todas manerasel petróleo, que es además un bien colectivo, correrá hacia los ríos de Colombia y finalmente al mar, destruyendo de paso nuestros ecosistemas y creándole inmensos perjuicios a la población.

También es posible que por su formación marxista, estos grupos no tengan una concepción clara sobre la importancia del medio ambiente para la vida, ni sobre las relaciones esenciales que existen entre la sociedad y la naturaleza, puesto que son ideas poco desarrolladas en esa doctrina, que se tratan apenas superficialmente en sus textos básicos. En cambio es fundamental entender que la vida y el progreso social dependen de manera directa e irrevocable de los bienes y los servicios que nos brinda gratuita y generosamente la naturaleza, por lo cual es vital protegerla. Para hacerlo es necesario comprender que la naturaleza no puede verse simplemente como una especie de supermercado inagotable de recursos puestos a disposición del ser humano para su explotación, sino primero que todo como una compleja y frágil red de vida, que genera los bienes y servicios que hacen posible la vida y el progreso social, como el agua potable, el aire limpio, los alimentos, las fibras y materiales y el control del agua y del clima.

Debido a la crisis ambiental que vivimos en todo el planeta, derivada en buena medida de un modelo económico excluyente e insostenible basado en el carbono, que produce la contaminación y el deterioro de éstos servicios, ha venido creciendo la conciencia colectiva sobre la importancia del medio natural para la calidad de vida y el bienestar de la población de hoy y del futuro y por lo tanto la importancia de preservarlo, cuidarlo y restaurarlo, buscando mantener su capacidad para sustentar y hacer posible el avance social. Contar con un medio ambiente sano tiene hoy en día un alto valor en las prioridades sociales.

Como resultado de lo anterior, la comunidad internacional ha establecido un conjunto de derechos, principios y criterios que buscan proteger y conservar el medio ambiente, los cuales son reconocidos y acatados de manera general. Estos derechos básicos de las personas son por ejemplo, el derecho al agua potable o el derecho a disfrutar de un ambiente sano, que en el caso de Colombia son tutelables. Además los avances del derecho ambiental han establecido la categoría del delito ambiental cuando los daños al medio ambiente son muy grandes o deliberados y por tanto afectan severamente el bien público, que también es reconocido por las cortes internacionales de justicia. Incluso el Protocolo 1 de los Convenios de Ginebra para la protección de las víctimas de los conflictos armados internacionales en su artículo 55 establece la protección al medio ambiente en la guerra “contra daños extensos, duraderos y graves……, comprometiendo así la salud o la supervivencia de la población” y en su artículo 56 establece la protección de las obras e instalaciones que contienen fuerzas peligrosas, dentro de las cuales bien caben los oleoductos, “cuando tales ataques puedan producir la liberación de aquellas fuerzas y causar, como consecuencia, pérdidas importantes en la población civil”.

En relación con la protección de la calidad del agua, esencial para la salud y la calidad de vida, se ha establecido el principio de que “el que usa y contamina paga”, que se vuelve efectivo mediante la imposición de tasas que compensen el consumo y la contaminación para contar con los fondos necesarios para realizar el tratamiento para limpiar el agua que todos usamos. En desarrollo de estos principios hace unos pocos días la “British Petroleum”, causante del gran derrame de petróleo en el Golfo de Méjico, llegó a un acuerdo para pagar más de 18.000 millones de dólares para compensar los daños originados por su imprevisión y mal manejo y así evitar otras consecuencias jurídicas que podrían ser aún más costosas. A nivel local la Corte Constitucional en reciente fallo, condenó a la compañía Dow Química a resarcir el daño causado a los afectados por contaminar la Bahía de Cartagena, con el vertimiento de un químico. Sería posible listar muchísimos otros ejemplos sobre la aplicación de éste principio, pero sería un listado demasiado extenso.

Ahora que se ésta tratando en la mesa de negociación de La Habana, el tema del reconocimiento y la compensación a las víctimas del conflicto como un requisito para la paz, se hace necesario incluir en ellas a las víctimas de los atentados que afectan al medio ambiente y el derecho a beneficiarse con sus servicios. Sin la menor duda estas víctimas requieren una justa compensación por los daños a su entorno, que si bien son incalculables, pueden valorarse y reconocer al menos sus partes cuantificables en dinero. Es decir que deben recibir un tratamiento similar al de otros casos, como por ejemplo con respecto a la vida, o al disfrute de la libertad.

Se ha planteado con frecuencia la tesis de que la naturaleza debe quedar fuera del conflicto armado, en mi opinión esto es incorrecto, pues la inequitativa distribución de los beneficios que se derivan del aprovechamiento de los recursos naturales y de los servicios ecosistémicos, son una de las causas del mismo y por lo tanto su modificación es necesaria para alcanzar una sociedad másequitativa y pacífica.El estado y el uso sostenible de nuestro territorio, de sus recursos y potencialidades son elementos fundamentales para construir la paz.Es más, por ser un tema de interés de todos y de cada uno, el medio ambiente ha sido una causa permanente de conflicto y violencia, pero también por las mismas razones, posee un alto potencial de generación de acuerdos para construir participativamente territorios sostenibles y pacíficos, que es en último término lo que debe interesarnos a todos.

Para concluir es bueno mencionar que frente a la pobreza con que trata la doctrina marxista el tema ambiental y sus relaciones con la equidad social y el trabajo y con motivo de la crisis ambiental, se está desarrollando la nueva corriente de pensamiento crítico denominada Marxismo Ecológico, que busca hacer una relectura de las fuentes originales para analizarlas desde la perspectiva de las relaciones entre el marxismo y la naturaleza.

Si como lo quiere la mayoría del país se llega al Postconflicto, la divulgación de estas ideas puede ser un campo fértil para el debate democrático y el ejercicio civilizado de la política, buscando evitar y corregir el deterioro y la destrucción del medio ambiente causado por la actividad humana, que es el problema más grave que enfrentamos tanto hoy como mañana,los habitantes de Colombia y de todo el planeta.

 

 

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