Por: Jaime Arocha

La naturalización de los sapos arribistas

MAURICIO ES VIGILANTE DEL EDIFIcio Fontainebleau de la telenovela Vecinos que Caracol TV transmite después de su noticiero de las 7:00 p.m.

Sueña ser como los Pérez, que posan de aristócratas, escondiendo el pasado de Álvaro, quien proviene del estrato uno, pero mantiene su posición social lavando dólares. Su mujer, Clarita, es una adicta al póquer, cuyas compañeras de cartas le van desplumando lo que su marido le da para la casa, hasta que lo pierde todo y —con la complicidad de Mauricio— le echa mano al billete para administrar el edificio, desde una presidencia a la cual se hizo reelegir mediante algo parecido al cohecho.

Los antagonistas de los Pérez y demás residentes del Fontainebleau son gente de un barrio popular de Bogotá, cuyo contacto con los aristócratas se debe a que uno de ellos, el taxista Óscar Leal, se gana la lotería y compra un apartamento allá. El vigilante mostraba un tratamiento reverencial por la doctora Tatiana, una ejecutiva joven, bella, millonaria y huerfanita, pero le perdió el respeto desde que —¡oh sorpresa!—, siendo tan distinguida, hizo público su amor por el chofer de taxi, un vulgar rumbero.

Siempre dispuesto a traicionar a los de su clase social, Mauricio pacta con otro dediparado, Alfonso Krauss, para hacer espionaje en el barrio de los pobres, y así identificar a quienes se oponen a la construcción ilegal de un centro comercial en el parque infantil de esa parte de la ciudad.

Con cada episodio que involucra a Mauricio, rememoro historias igualmente patéticas de los capataces de los entables mineros del Pacífico o de los esclavos y esclavas que desempeñaban oficios domésticos en las casas de los esclavistas. En expedientes por actos de rebelión, con frecuencia esos cautivos aparecen testificando contra los sublevados, si es que no son ellos y ellas mismas quienes sapean a los rebeldes. En otros archivos históricos de años posteriores, personas de esa misma clase figuran como dueños de esclavos y esclavas, luego de haberse manumitido.

Para muchos adalides del movimiento político afrocolombiano, son los descendientes de esos aliados de la esclavocracia quienes hoy adhieren a los planes de desarrollo vial y económico que plantea el neoconservatismo, con poco respeto por la naturaleza biodiversa y los pobladores ancestrales de las regiones que sufrirán el cambio. Son quienes ven los territorios colectivos de comunidades negras como guetos indeseables que deberían desaparecer, por lo cual uno se pregunta si también llegarán a manifestar un rechazo comparable por cambuches miserables como los que tienen que armar los trabajadores de las palmeras de Curvaradó, debidamente ilustrados en las páginas 48 y 49 del número 1.402 de la revista Semana.

Es obvio que el soborno y la ilusión de ser incluidos por las clases altas estimulan la sapería. Sin embargo, es necesario el refuerzo que ofrecen las moralejas, cuyas lecciones se deben a la reiteración de los mensajes. Vecinos repite episodios sobre Mauricio, el imbatible. Es posible que los telenovelones contribuyan a que los televidentes acepten a los sapos triunfadores como algo natural en la sociedad colombiana.

* Grupo de Estudios Afrocolombianos Universidad Nacional

 

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