El país de las maravillas

La nueva anormalidad

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Eso tiene el miedo, que arrincona, que privilegia la supervivencia en perjuicio de lo demás. Que el coronavirus no llegó en marzo sino en febrero; que la tal curva no existe, solo una desangelada línea recta; que la llegada del pico es tan incierta como la del invierno o las ayudas, que no hay suficientes UCI y otras historias de terror disimulado.

Con el crecimiento exponencial de contagios por irresponsabilidad solapada del Gobierno y su probada inacción en lo económico, qué tiempo va a tener el ciudadano para preocuparse por privacidad, transparencia, gobernabilidad y demás escenarios que están cambiando a hurtadillas.

Que la neutralidad en la red es embeleco de activistas, nos dicen, mientras cambian reglas para que corran contenidos en internet, con los que siempre ganan los mismos.

Que no apreciamos la generosidad de Uribe, nos recalcan, ahora que patentó el “correo social”, como denomina la oficina presidencial paralela por donde desfilan lagartos, quejosos y proverbiales oportunistas que “cañan” de demócratas mientras ponen y quitan funcionarios por afinidad ideológica o pedigrí, a ritmo de vallenato perfumado.

Que la plena libertad de expresión hace daño, repiten con Trump, para acallar voces independientes en redes sociales y plataformas, enmascarados en pretendidas regulaciones, tras haberse aprovechado de ellas, intoxicando canales y mensajes hasta hacer irrespirable el debate público.

Que si somos capaces de entregar datos a redes sociales, nos enrostran, no deberíamos tener escrúpulos de participar en las inanes aplicaciones gubernamentales, así no sepamos en qué perfiladero pudiesen parar.

Y en el colmo del paroxismo, ahora quieren decidir cómo tener sexo, como en el Reino Unido; cuándo utilizar el celular, como en Japón; con quién tomarse de la mano o besarse en la calle, o piden toda la información personal para permitir el uso de buses o entrar a edificios oficiales.

Hace rato confundieron pedagogía con autoritarismo y disciplina social con sumisión. No solo es el riesgo sanitario, están infectando el poquito de libertad y dignidad que nos quedaba. La nueva anormalidad.

www.mariomorales.info y @marioemorales

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