Por: Julio César Londoño

La nueva fórmula del éxito

BIEN VISTAS LAS COSAS, ALCANZAR EL éxito en la vida es una empresa sencilla.

Por el dinero no hay que preocuparse: si usted es de buena cuna, nadará en oro desde que abra los ojos y todos los gobernantes velarán para que el sol nunca se ponga en sus dominios. Si tiene la mala estrella de nacer en un hogar humilde, puede optar por un trabajo honrado o enrolarse en las filas de la política, la guerrilla, el narcotráfico, la delincuencia común, el raponaje al por mayor (bancos, pirámides, mesas de negocios, multinacionales) o las finanzas al detal (raponaje). Reconozco que todas estas alternativas son disputadas y hay que trabajar duro para mantener la cabeza por encima del nivel de la mierda. En estos tiempos, un hombre de éxito debe ser esbelto, políglota, sano, adinerado y buen amante. Nota: cuando digo “hombre” incluyo las mujeres, los niños, las niñas, los viejos, los indígenas y los afrodescendientes.

Lo primero es la salud, por supuesto. Para conservarla hay que consumir alimentos sosos, renunciar a todo lo rico, embutir mucha fibra, hacer ejercicio, cepillarse los 32 dientes y sus 30 intersticios cinco veces diarias, hacerse chequeos periódicos (recuerde: un médico lleva a otro) y tomar ocho vasos de agua al día. Y mearlos, claro. Si el tiempo no le alcanza, usted debe fusionar estos deberes y educar su cuerpo de manera que aprenda a ducharse con la boca abierta para tragarse los ocho vasos de agua del día mientras mea, al tiempo, los ocho vasos del día anterior.

Asumo que usted ya sabe inglés, es decir, ya aprendió que a veces la letra a suena a, como en “arm” (brazo), a veces suena o, como en “almost” (casi), a veces suena e, como en “air” (aire), y a veces ae, como en “atom” (átomo). También le habrán explicado que esta fonética puede variar dependiendo del país, de las zonas de las ciudades y de las estaciones del año. Por lo tanto basta con que tome lecciones de chino —esa lengua líquida, sin esqueleto ni abecedario— para que aprenda a obedecer en tres lenguas: la materna, la difícil y la imposible.

Usted debe disfrutar las cosas sencillas pero estudiar día y noche las sofisticadas, debe ser franco pero no francote y espiritual pero un tris ‘avión’; convine ser elegante mas no petimetre, delgado pero no flacuchento, fuerte pero no fisiculturista (sujetos tan sospechosos como los estilistas), viril pero nunca machista, sabio pero no casposo y rico de bajo perfil (ojo: bajo, no subterráneo). Hay que sacar tiempo para compartir con los amigos sin que se cabree la esposa, con la esposa sin perder los amigos, con los compañeros de oficina, con los desconocidos (el club y los cocteles son indispensables en el mundo de los negocios), con los hijos e incluso con la abominable familia política, sin volverse muñeco de sala, animal de club ni figura de la farándula.

Para alternar decorosamente en los salones hay que viajar por el mundo del siglo pasado (París, Roma, Nueva York, Londres, Barcelona…) y por el mundo de hoy: Praga, Pekín, Tokio, Sidney, Brasil, India, Dubay…

Para pagarse un viaje al año usted tragará fibra toda la vida, pero la fibra, ya lo vimos, es un ingrediente básico en la fórmula del éxito.

Hay que tener siquiera nociones de los clásicos antiguos (Homero, el de las cóncavas naves; Dante, el hombre que bajó al Infierno, etc.) sin descuidar los modernos: Harry Potter, El señor de los anillos, anime, manga…

Ah, y ser buen amante. Aunque Freud anda de capa caída el sexo sigue siendo un punto crucial. Hay que ser buen amante en la casa (¡en la calle cualquiera!) para que el hogar se salve y los niños no sufran. Además, hay que decirlo, un sujeto sin plata y alimentado a punta de fibra no tiene derecho a pensar en amantes.

 

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