Por: Luis Felipe Henao

La Nueva Patria Boba

Hace casi 210 años se presentó uno de los acontecimientos más absurdos de la historia latinoamericana. Luego de meses de esfuerzos, debates y revoluciones en todo el país que llevaron a nuestra primera independencia, una discusión jurídica sobre la forma de Estado llevó a un enfrentamiento sin sentido entre los criollos líderes del movimiento. Los Federalistas, liderados por Camilo Torres, se disputaron el poder con los Centralistas, dirigidos por Antonio Nariño, y no solo no pudieron ponerse de acuerdo, sino que además comenzaron una confrontación violenta entre hermanos.

El resultado de este debate fue devastador. En el año 1816, Pablo Morillo aprovechó el caos y logró la reconquista de la Nueva Granada para la Corona Española. Esos seis absurdos años lamentablemente se han repetido de manera cíclica en muchas ocasiones por la falta acuerdos sobre temas fundamentales de la sociedad que se encuentran más allá de cualquier discusión partidista.

En los últimos meses hemos sido testigos de algo casi tan absurdo como la Patria Boba. Luego de 60 años de conflicto, finalmente se logró un Acuerdo de Paz con las Farc. El sueño de todos los colombianos y el reto de los últimos presidentes finalmente se pudo materializar. Sin embargo, ha podido más la beligerancia política que el anhelo de paz y por ello llevamos casi un año de todo tipo de discusiones y debates sobre la implementación del Acuerdo.

La semana pasada fuímos testigos de una increible escena en el Congreso. Tal vez la gota que rebosó la copa de la cordura política de nuestro país. Vimos cómo, luego de dos meses de debates, los senadores no pudieron realizar un debate ordenado y al final le dejaron la decisión a la Corte Constitucional. Lo cierto es que es muy claro que los 47 votos del archivo de las objeciones constituye la mayoría absoluta, pues al cálculo de 94 congresistas de Ernesto Macías le faltaba restar dos curules: la de Aida Merlano y la de Iván Marquez.

Sin embargo, más allá de esta argumentación es insólito que el Congreso no haya podido tomar una decisión, tal como sucedió en la Patria Boba, al final un tercero terminará decidiendo entre la confrontación de hermanos. Afortunadamente, en este caso quien dirimirá el conflicto no será Pablo Morillo, sino el máximo órgano constitucional en Colombia, que tendrá sobrada argumentación jurídica para interpretar el tema. 

El Pablo Morillo en este caso no es la Corte. Son los verdaderos enemigos del país. Las bandas criminales, la inseguridad, la violencia, el desempleo y la pobreza. Esos son los enemigos contra los que debemos unirnos y no desgastarnos. El ejemplo claro de ello es lo sucedido con el Plan Nacional de Desarrollo. La carta de navegación de todo el país en los próximos cuatro años casi no puede ser aprobada y al final se tuvo que tomar el proyecto de la Cámara para evitar una tragedia.

Es el momento de superar la página. El Acuerdo Final se firmó y ya no tiene reversa. Objetivamente es innegable que gracias a éste se logró la paz en muchas zonas del territorio donde estaban las Farc y además se obtuvo la desmovilización de miles de personas que ya no están cometiendo delitos. Colombia debe concentrarse en la solución de verdaderos problemas. El desempleó subió a unas cifras nunca antes vistas, la economía espera medidas para salir adelante. Superemos esta Nueva Patria Boba que nos tiene consumidos en una polarización que tiene paralizados muchos sectores del país.

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