La nueva promesa

El ciudadano Andrés Felipe Arias se autodenomina como la nueva promesa política colombiana.

Y vale la pena pensar en qué consiste esa promesa. En primer lugar, como ministro de Agricultura que fue de este gobierno, pasó por el Ministerio con pena y sin gloria. El momento de mayor elevación de precios en los alimentos básicos producto de la presión por los biocombustibles, encontró a Colombia y a su ministerio completamente desvalidos de argumentos que permitieran con la energía que es propia de una nueva promesa aprovechar una coyuntura de cuyos costos hoy nos lamentamos. En estos días, por ejemplo, el gremio arrocero pelea con el sucesor de Arias para que le aumenten el incremento “miserable” de un mil pesos que el gobierno ha autorizado sobre la carga de arroz. En ese mismo ministerio, fue protagonista del aventón más penoso que conozcamos en la agricultura, intentando regalarle a dedo centenares de hectáreas agrícolas en Carimagua, Llanos Orientales, a un grupo empresarial que, curiosamente, ya estaba elegido ex ante entre los amigos presidenciales.

Ahora, como precandidato presidencial, el ciudadano Arias aparece como cabeza de playa del partido conservador jugando al penoso juego del “sí pero depende” con la candidatura de Álvaro Uribe. Y recientemente, con el anuncio de la no menos curiosa precandidata conservadora Noemí Sanín, ciudadana que se ha lanzado tres veces al ruedo ignorando al Partido Conservador, el inefable Arias acaba de soltar esta perla sobre la consulta de precandidaturas: “La consulta debe ser el 27 de septiembre... las reglas de juego no se pueden cambiar por cálculo político”.

¡Válgame Dios, Sancho! El ministro Arias, escudero que fue en la defensa a ultranza de esa táctica cuando fue impuesta por el gobierno Uribe, ahora aparece dando sermones sobre la invariabilidad de las reglas de juego sólo porque ahora él mismo está tomando de la propia medicina que ayudó a preparar en la Casa de Nariño. Y esta es la “nueva promesa política” de Colombia.

 Bernardo Congote. Bogotá.

¿Empresarios?

No estoy de acuerdo con los medios de comunicación que llaman “empresarios” a una serie de personas que están detenidas en las cárceles por la presumible comisión de delitos. Escuchar en los noticieros nombrar a alias El Indio, alias Fritanga y junto a éstos, al “empresario” Juan F. Sierra, no deja de crear cierta desigualdad en la información. Lo peor es que son la mayoría de medios de comunicación en radio y televisión que se refieren al señor Sierra como el “empresario” encarcelado.

 Miguel Olmos. Barranquilla.

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