La objetividad periodística vs. la confesión de parcialidad

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En “Dictadores de papel”, una reciente columna de El Tiempo, Paola Ochoa abordó algunas de las discusiones que se están dando a nivel mundial sobre la objetividad en el periodismo. El texto sugiere que, como lo dice el subtítulo, “la objetividad está mandada a recoger”. Su argumento se inscribe en un debate renovado sobre las prácticas periodísticas. No son pocas las sospechas de que las clásicas rutinas de producción pueden estar, con o sin intención, ayudando a incendiar retóricas que atentan contra los valores democráticos o incluso contra los derechos humanos. La denuncia es que los periodistas, en su afán de ser “neutrales”, caen a veces en la falsa idea de protegerse con “los dos puntos de vista”.

Uno de los ejemplos más ilustrativos de esta fallida dualidad ocurrió en las pasadas elecciones estadounidenses cuando los medios decidieron equiparar el envío de correos desde un servidor privado por parte de Hillary Clinton con las acusaciones de abuso sexual, evasión de impuestos y fraude de Donald Trump. Los hechos fueron presentados como si se tratara de una lista de cosas malas de cada candidato, ignorando por completo los grados, la relevancia y la naturaleza de esas fallas. De ahí el argumento de Ochoa: “La obsesión por la objetividad, por presentar dos puntos de vista, es un modelo fallido y un experimento en contra de la claridad”.

 

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