Por: Fernando Carrillo Flórez

La ‘Operación Jaque’ y el ajedrez global

SI LA LÓGICA GOBERNARA LAS RELAciones internacionales, hubiera sido el comando de las Fuerzas Armadas de Colombia, que liberó a los 15 rehenes en manos de las Farc, y no el Presidente de Siria —con un récord flaco en materia de lucha contra el terrorismo—, a quien se ha debido rendir un homenaje en el legendario desfile de los Campos Elíseos de este 14 de julio.

Sin duda, eso era pedirle peras al olmo. Porque la Presidencia francesa de la Unión Europea ya había facturado con estruendo como propia la victoria del operativo del 2 de julio, y porque además buscaba reivindicar la apertura del Viejo Continente a los países de la cuenca del mediterráneo islámico, así tuviera que enfrentar el saboteo del mismo ex presidente Chirac a los sirios, para muchos, representantes de un régimen terrorista y violador de derechos humanos. Salían también de celebrar, sin tanto bombo, la adopción de una política de inmigración tan draconiana que no logró ser suficientemente ablandada por España y Alemania. La Cumbre Euromediterránea de estos días en Francia ha buscado pasar el brazo por el hombro a los jefes de Estado, mientras se golpeaba fuerte por debajo y en zona vital a los inmigrantes originarios de los países sentados a la mesa en la reunión del Grand Palais de París.

Por ello, ojalá se pueda saber en el corto plazo cuál es el verdadero compromiso de Europa con los que quedaron en la selva a merced de la barbarie de una guerrilla que tratará de demostrar su eficacia para propinar unos cuantos golpes antes de ser finiquitada. Allí sólo hay que desearle a Íngrid que se deje llevar por un instinto político probado que le permita sacar todas las lecciones aprendidas de los múltiples errores que cometieron los diversos protagonistas de esta historia. Ella misma los descubrirá, una vez la cabeza fría le permita visualizar lo que pasó y lo que viene con los rehenes.

Sin ánimo de dar consejos, pues ella los tiene a granel, el escenario ideal sería que Íngrid pusiera a un lado sus aspiraciones electorales legítimas de corto plazo en Francia, en Colombia o aún en la comunidad global, para reconocer que la solución a su propio martirio no vino por cuenta de quienes cuestionaron desde siempre la alternativa que finalmente tuvo éxito y que, para bien o para mal, es casi irrepetible. Porque no hay que olvidar que la premisa mayor de la relación de algunos actores internacionales con el Gobierno de Colombia en todo este proceso no estuvo propiamente basada en la confianza y la transparencia.

Se trata del éxito más grande de una política de seguridad en Colombia, que se convirtió a la vez en el acontecimiento más relevante de la historia de su política exterior. Porque aparte del hexágono francés, la opinión pública urbi et orbi le puso la condecoración al Presidente, al Ministro de Defensa y a las Fuerzas Armadas de Colombia y no a la gestión mediadora estigmatizada por los olores al Caguán, reeditados en el fiasco de la operación que se vino abajo en Villavicencio a pocas horas de cerrar el 2007.

Fue una alquimia adecuada de “soft power” con “hard power” con mas ingredientes del primero que del segundo, pues primó la inteligencia criolla que para muchos era garantía de un fracaso. Al fin y al cabo, nuestro Ejército ha tenido que forjarse al calor del fuego de dos de los más agudos males globales, como son el terrorismo y el narcotráfico y por ello sus victorias seguirán teniendo un reconocimiento global, sobretodo si el expediente del respeto de los derechos humanos se impone como en la Operación Jaque.

De aquí en adelante, todo ello dependerá de la habilidad política para redefinir nuestra política exterior y de la capacidad institucional que seguramente construirá el nuevo Canciller para internacionalizar nuestras políticas internas y no sólo de ser internacionalizados a la fuerza y a posteriori por los hechos, como ha sido hasta ahora la regla. Hoy mas que nunca están dadas las condiciones para que Colombia llegue a ser parte del ajedrez mundial. No como simple peón de brega sino como alfil estratégico con capacidad para dar lecciones, si se propina el jaque mate a los actores violentos que quisieron evadir las peores ruinas del comunismo con la ferocidad del terrorismo envuelto en la patología del narcotráfico y el crimen organizado.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Fernando Carrillo Flórez

Un buen resucitar

Perder la inocencia política

La revancha de Pinochet

El ocaso de los caudillos

De la épica a la ética