Por: Julio César Londoño

La “Operación Libertad”

Los hechos del martes en Venezuela fueron confusos y siguen siéndolo. Empezaron en la madrugada, con unas imágenes de Guaidó y su jefe político, Leopoldo López, en La Carlota, Caracas, la principal base militar de Venezuela. Luego vimos escenas de victoria, camionetas con civiles y soldados rebeldes, como en las caravanas de las revoluciones triunfantes. Algunos soldados llevaban un brazalete azul oscuro. Otros se cubrían el rostro con él.

Tomada La Carlota, el objetivo obvio era el Palacio de Miraflores, a 10,7 kilómetros, y hacia allá marcharon los manifestantes, pero fueron reprimidos brutalmente. Las tanquetas arrollaron a los manifestantes y la marcha fue baleada desde los edificios. ¿Quiénes disparaban? No era el pueblo venezolano, que detesta al gobierno, como lo demostró en las últimas elecciones libres, en diciembre de 2015. Debieron ser francotiradores militares o miembros de los dos grupos paramilitares que operan en Venezuela: los Colectivos (civiles armados al servicio del gobierno) y el PRAN, una mafia que opera desde las cárceles bajo la dirección de Iris Varela, la ministra de la cartera penitenciaria.

En el resto del día el entusiasmo revolucionario se fue diluyendo, aunque las protestas no han parado en Caracas ni en el resto del país.

Nota: escribo esto último de oídas. La información es precaria porque la dictadura tumbó la señal de internet desde el martes y la prensa independiente murió allí hace muchos años.

Por el lado del gobierno las cosas tampoco marcharon bien. Maduro solo apareció en televisión en la noche del martes. Dijo que todo fue una “escaramuza” con pretensiones de golpe de Estado. Que los soldados que participaron en la toma de La Carlota fueron engañados. Que López y Guaidó les dijeron: “Vengan, vamos allí que los vamos a condecorar”.

¡A las cinco de la mañana!

Mostró un video de López en un puente, con chaqueta y brazalete azul. A su lado, un soldado monta una ametralladora con trípode, prueba palpable de la responsabilidad de López “en este vil atentado contra la institucionalidad democrática de la revolución bolivariana”.

En resumen, Maduro vende su versión: lo del martes es otro fracaso del imperio y de los traidores de la patria. Disiento. La “Operación Libertad” no fue un intento de golpe de Estado. Ese puñado de civiles y militares no pretendía derrotar a los tres ejércitos de la dictadura venezolana y tomarse el poder. Fue un inteligente golpe mediático para poner en evidencia la fragilidad de una dictadura repudiada por la población y cuya línea de mando está seriamente fracturada.

Y lo lograron. Pusieron en libertad a Leopoldo López, el principal líder de la oposición, y se tomaron por unas horas la base militar más importante del país sin disparar un tiro. ¿Cómo lo hicieron? Con la complicidad de los mismos soldados del régimen.

¿Qué se sigue para Venezuela? Nadie lo sabe. Se rumora que Estados Unidos está negociando con los verdaderos dueños de “la cosa” venezolana, Rusia y el Cartel de los Soles, la entrega del poder a un gobierno de transición que organice elecciones libres y permita el inicio de la reconstrucción del país.

Una cosa es innegable. Maduro está cada día más solo. La derecha no le copia nada y los pocos amigos de opinión que le quedan en la izquierda los debe más a la antipatía que despiertan tres enemigos suyos (Trump, Duque y Bolsonaro) que a sus muy dudosas virtudes. El resto del mundo (el pueblo venezolano, la OEA, la ONU, la UE, en total un grupo de más de 50 países) no cejará hasta tumbar ese régimen que está matando de hambre a su pueblo y complicando al máximo los ya graves problemas de la región.

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2019-05-04T00:00:53-05:00

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