La opinión y la Paz

La insistencia de las FARC en una Asamblea Constituyente, desnuda su escasa sintonía con la opinión pública y el momento político.

Nuestra Constitución es reconocida, a nivel internacional, como una de las más progresistas de América y el mundo, en una época en que la globalización ha colocado en entredicho la función y la capacidad de intervención de Estados y gobiernos. Una en que el Estado Nación trata de ajustarse a nuevas realidades. Con muchas de sus áreas como el disfrute de derechos, obligaciones, participación de los ciudadanos e intervención del Estado en la economía, como asignaturas pendientes, la Constitución es una realidad en construcción que ha mejorado, indiscutiblemente, nuestras condiciones de vida.

Muchas cosas han cambiado, en Colombia y el mundo, desde Marquetalia. Desaparecieron, como efímeras quimeras, los modelos de Estado que alguna vez motivaron e inspiraron a quienes creyeron en un poder alterno como reemplazo de las instituciones democráticas. Pero eso fue después un sinnúmero de dictaduras y cientos de miles de muertos.

Si alguna lección hemos aprendido los ciudadanos del mundo en los últimos cincuenta años es la vigencia de la democracia, con todos sus defectos. ¿Cuál será el modelo de Constitución que inspire un cambio de la nuestra? ¿El de Cuba, China, o Corea del Norte? ¿Una añoranza de la dictadura estalinista? ¿Un sistema político por inventar? Vivimos otros tiempos, con nuevos sectores sociales incorporados, aún con inmensos problemas de desigualdad por resolver. Después de tanto y, más recientemente, de la ofensiva contra el Estado de bienestar, demócratas y progresistas reclamamos su fortalecimiento y no su desaparición, por el bien de la justicia social y la equidad.

¿Puede, en estos tiempos, un actor político, las FARC o cualquiera, desconocer a la opinión pública como lo hacen al persistir en una Constituyente en que, seguramente, quienes quieren la Paz van a ser derrotados, como consecuencia del fantasma de la guerra y los antecedentes frescos de barbarie que no hemos podido superar? Una cosa es refrendar los acuerdos, pero otra poner en juego la Constitución. La opinión pública quiere la Paz pero no un salto al vacío, es lo que se puede leer en todas las encuestas y en las elecciones desde hace muchos años . Insistir, a estas alturas, en una Constituyente parece una “Zancadilla” para alguien en trance de caerse. El referendo no es la única pero sí la mejor herramienta disponible. A las FARC hay que recordarles que el paso del tiempo, las oportunidades y la opinión pública existen.


Como ejemplo vale la pena dar una mirada a las cifras y su relación con el proceso de Paz: De acuerdo con la última encuesta de IPSOS Desde julio de 2012 la imagen de Timochenko, el máximo comandante de las FARC, pasó de un negativo del 74% a uno del 83% mientras el negativo del principal negociador del gobierno disminuyó del 43% al 35%.El desgaste y la dilación son peores para las FARC, si se consideran en proceso de aparecer en la política.

Al iniciarse los diálogos, con datos de la misma encuestadora, el 77% de los colombianos se manifestaron de acuerdo con ellos, cifra confirmada por el Centro nacional de consultoría hace pocos días (80%) pero apenas en el pasado septiembre, de acuerdo con una encuesta de Datexco, el 74% percibe que las FARC no tienen intenciones de alcanzar la Paz. Con seguridad tal desconfianza se debe al inolvidable desastre del Caguan, el cual sirvió para que el ex presidente Pastrana ganara las elecciones y para “derechizar” a la opinión pero no para hacer la Paz, manteniendose vigente en la memoria colectiva.

A estas alturas del proceso lo que a nadie conviene es mantener el estado de ambigüedad en que se encuentra. El presidente Santos, su principal promotor, debe tomar la iniciativa, en cualquier sentido (Acuerdos mínimos, suspensión o aplazamiento) para protegerlo, antes que las circunstancias le “sorprendan”. Está claro que las FARC, navegando a contracorriente de la opinión pública, e indiferentes ante el paso del tiempo, no parecen muy interesadas en hacerlo, aunque cada día que pase aumente su distancia de la opinión mayoritaria de los colombianos que quieren la Paz, pero esperan conseguirla en el actual milenio. 

 

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