Por: Columnista invitado

La oscuridad cavernaria

Por Bernardo Congote

Interesantes paradojas las colombianas. Al tiempo que El Espectador propone “subversiva” la reconciliación, abre la posibilidad de ver cuán cavernaria es la guerra. Al tiempo que, en el proceso de pacificación, el partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común ha hecho gala de lenguaje y talante moderado, los opositores al proceso se hunden en la ofensa, la tergiversación de los hechos y el irrespeto al otro.

En el mismo sentido, aquellos a quienes se les acusa de haberse hundido en la selva desconociendo la realidad del país salen de ella, léase bien, “acogiéndose a las reglas y principios establecidos en el artículo 107 de la Constitución Política” impulsando la “transparencia, objetividad, moralidad (y la) equidad de género”. Y algunos de sus opositores, presuntamente navegando sobre el océano de la realidad osan plantear, sofísticamente, que “estamos dispuestos a asumir los costos de la continuación de la guerra con las Farc”.

Colombia está abocada a rediseñar su espectro político dándole vuelta al concepto de lo subversivo, como bien lo propone el editorial de El Espectador. E igualmente, a precisar que en medio del llamado “orden” promovido por los que se arrogan la “defensa de la patria”, se esconden diversos matices guerreristas o, peor, diversas formas de mantener un país ensangrentado por odios ancestrales.

Estas paradojas nos devuelven al Diálogo de la Caverna de Platón. Deseosos de recibir la luz que necesariamente está asociada a la pacificación, algunos han salido de la caverna dispuestos a abrazarse en torno a nuevos retos, soportando el enceguecimiento de su brillo. Al tiempo que otros, una minoría violenta que se ha apropiado sin vergüenza de la que llama “defensa de la patria”, al acercarse a la salida del túnel nos siguen invitando a mantenernos en las entrañas de la violencia en medio de la cual, léase bien, esos pocos se apropiaron de tierras extinguiendo vidas sin vergüenza. Los amantes de la sangre corriente, esos políticos cementerios, veneran la oscuridad porque en ese ambiente se han sentido más cómodos llenando sus bolsillos y sembrando la muerte. Y lo peor es que desde sus profundas oscuridades cavernarias osan presentarse como abanderados de causas a las que llaman “centristas”, “democráticas” o ¿quién lo creyera? ¡“radicales!

Estamos, pues, enfrentados a la imperiosa como antigua exigencia política de llamar a las cosas por su nombre. Si bien es cierto que el cerebro humano por defecto es proclive a aceptar los retos que le exijan el menor esfuerzo, en Colombia estamos obligados a afrontar la paradoja que nos coloca del lado de la reconciliación retadora o del de la caverna sangrienta. ¡¿Otra polarización?!, exclamarán asustados algunos. Sí. Otra polarización porque ella es, físicamente, constructiva. Porque la luz se produce como producto de la interacción de polos opuestos. Porque el unanimismo violento soñado por la caverna, navega a placer en medio de su oscuridad.

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