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hace 2 horas
Por: Nicolás Rodríguez

La otra emboscada

Inmediatamente después de ocurrida la masacre de las Farc en el Cauca, los expresidentes que no se han retirado a escribir poesía se pusieron la corbata y abrieron el Twitter. Había llegado la hora de despachar.

Carlos Holmes se frotó las manos, Paloma las alas, Rangel los dientes. Vargas Lleras dejó de lado su interés en la infraestructura electoral (para buscar voticos en otra parte). Desde alguna izquierda de talante troglodita se emitieron comunicados en tono comprensivo hacia la guerrilla. Que sí, pero.

Esta es la otra emboscada. Los soldados asesinados fueron rematados con oportunistas frases de solidaridad. Salvo que hubiese sido en directo para que el mundo entero viera que nuestros líderes están afligidos y cabizbajos, ningún minuto de silencio fue posible. En vez de tristeza o incomprensión sobró adrenalina. Nadie quiso quedar por fuera de la fotografía. Colombia es tema internacional y los reporteros extranjeros acechaban.

Las imágenes explícitas de los cuerpos despedazados no tardaron en ser agregadas a la retórica de cada bando. En un ataque de morbosidad culposa algunos noticieros taparon la cara de los soldados en vez de alterar el libreto general de la chiva de última hora. Como si la realidad hubiese que convertirla en otra cosa, las imágenes fueron transmitidas con música de suspenso. No les habían dado la noticia a los familiares y los hechos escuetos ya venían empaquetados en un melodrama por entregas.

A partir de las imágenes se lanzaron gritos de venganza y proclamas de paz. La segunda emboscada se convirtió en un escenario de reencauche político. Martín Santos y Jerónimo Uribe hicieron su parte en un cruce de mensajes que nos habla de lo que está por venir generacionalmente (“mi papi es más malo que el tuyo”, “el tuyo lo será el doble”, etc.).

“Esta es precisamente la guerra que queremos acabar”, dijo el presidente Juan Manuel Santos. Y no imagina lo acertado que está.

 

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