Por: Manuel Drezner
Periscopio cultural

La otra encerrona

Contra lo que se cree, esta no es la primera vez que hayamos tenido que quedar encerrados en cárcel domiciliaria. Quienes tenemos edad para haber pasado por el 9 de abril de 1948, cuando turbas codiciosas quemaron medio Bogotá y asaltaron los comercios de la ciudad, recordamos otra encerrona que bien se puede traer a cuento.

Era el gobierno de Mariano Ospina, quien había subido al poder gracias a la división que hubo en el liberalismo (en esa época mayoría absoluta) entre Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán. Ospina trató de revivir la hegemonía conservadora que el triunfo de Olaya Herrera había acabado varios años antes, e incluso tiempo después, cuando iba a ser juzgado por el Congreso, procedió a cerrarlo (y de paso a confiscar le edición de El Espectador donde se daba cuenta del juicio). La violencia comenzó, así como la creación de guerrillas.

Cuando ese 9 de abril asesinaron a Gaitán, quien casi seguramente sería el siguiente presidente ya que Turbay había abandonado la política, la ira popular represada estalló, pero por la falta de dirigentes se derivó hacia los motines y destrucción que bautizaron Bogotazo. El gobierno entonces decretó el encierro total de la población y quien saliera no tendría una multa como hoy, sino que arriesgaba su vida ya que la orden era tirar a matar a quienes encontraran en la calle.

Ese encierro que duró casi dos semanas tuvo el problema adicional de que no existían supermercados y las tiendas de esquina y mercados donde se compraban alimentos quedaron completamente vacíos, sin contar con que de todas maneras no se podía salir a riesgo de la vida. Por eso y en comparación, la cuarentena de nuestros tiempos no es tan grave para quienes recordamos aquel horrible encierro donde casi morimos de hambre.

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