Por: Augusto Trujillo Muñoz

La otra mitad de la historia

El Tolima Grande conforma, de lejos, la primera región productora de café en el país. Entre Huila y Tolima alcanzan el 30por ciento de la producción nacional. El nuevo eje cafetero es la cordillera central por sus dos laderas, desde el macizo colombiano hasta la Serranía de San Lucas. De los 32 departamentos colombianos, 28 producen café. Hace un siglo se acuño una frase que hizo carrera: “Colombia es café o no es”.

Al parecer el café ingresó a Colombia por Santander, de donde pasó a Cundinamarca y, luego, a Antioquia.  Allí se extendió durante el siglo xix, como se extendieron también las migraciones antioqueñas hacia sus departamentos vecinos. Ellas llevaron consigo la cultura del café. En ese proceso fue surgiendo un tipo de economía campesina que cada día seducía más a los productores. El café abrió la puerta hacia una agricultura intensiva que generó un crecimiento sostenido, fundamentalmente basado en la vocación de los pequeños propietarios.

En el último cuarto del siglo xx hubo más de una década perdida. Con la aparición del narcotráfico vino una subcultura de los antivalores, que contaminó no solo a las instituciones sino a casi todo el cuerpo social. Colombia empezó a dejar de ser café y a inundarse de cultivos ilícitos. Semejante situación proyectó una imagen negativa del país sobre el mundo, resembró la violencia y plantó la semilla de la corrupción, que hoy carcome el funcionamiento de las instituciones públicas y privadas. A los gobiernos, en todos sus niveles, les cabe una inmensa responsabilidad histórica: Han sido ellos los que cooptan a los legisladores y a los jueces, o los que se dejan cooptar por contratistas y por delincuentes de cuello blanco.

Pero el ciudadano común siguió trabajando. El campesino, enraizado en su fundo, no conocía otra forma de sobrevivir. Sin embargo el café le había enseñado una forma de vida que lo comprometías con la creación de riqueza. Asordinado por los fusiles el café se mantuvo, aunque las violencias cegaron la vida de muchos campesinos. Pero esa es solo la mitad de la historia. La otra mitad es que las mujeres se empoderaron hasta convertirse en protagonistas del suceso cafetero. En el Tolima Grande el café tiene rostro femenino y sabor de familia. Pero también en otras geografías del país. El café es mucho más que un hombre y una mula. Es preciso que se más para que el país recupere una vocación tradicional e identitaria que, ciertamente, nunca perdió del todo.

Guillermo Pérez Flórez recordó, hace dos o tres semanas, en su columna de El Nuevo Día” de Ibagué, que Colombia cultiva café en 28 departamentos y no solo en cuatro o cinco, y que por cada hectárea de coca hay 45.000 de café: Si tuviéramos conciencia de eso habría más series de televisión como la protagonizada por Margarita Rosa de Francisco, y no tóxicos letales como los que tienen de referencia al inefable Pablo Escobar. “¡Esa no es Colombia!, digo a mis amigos en el extranjero, agregó el columnista, que reside en España, e intento contarles que hay otro país que ellos no conocen, más allá de la guerra, de la violencia y del narcotráfico”.

Todo aquello se puso de presente este miércoles en un evento organizado por la Gobernación del Tolima y por un equipo empresarial, cuya marca “Café Maríapaz”, está narrando esa otra mitad de la historia. Ya han producido cosechas con el nombre de la India Catalina y de Policarpa Salavarrieta. Pero el miércoles fue lanzada otra con el nombre de “Carmenza Rocha”, una de las mujeres más importantes en la historia del Tolima. Además del gobernador Oscar Barreto y su equipo, coordinado por el secretario de Desarrollo Agropecuario Juan Rodrigo Alvarado y la Directora de la Casa del Tolima en Bogotá Mónica Pinto, honraron el evento, con su presencia, los embajadores de la República Checa Milos Sklenka y de México Blanca Alcalá Ruiz.

Asistieron también los parlamentarios Carlos Edward Osorio, Miguel Ángel Barreto y Ana Paola Agudelo quien, a nombre del Congreso, impuso una condecoración a “Café Mariapaz”. Unas quince productoras de cafés especiales de Planadas, Rioblanco, Ataco, Chaparral, Dolores, Ortega, Líbano, Mariquita y de municipios como Támara y Tame en los Llanos, recibieron merecido homenaje y dieron testimonio de que aquella frase centenaria cobra sentido nuevamente: “Colombia es café o no es”. Y ese café tiene nombre, aroma y trabajo de mujer. Proyecta la otra mitad de la historia.

Ex senador, profesor universitario. @inefable1

Nota: Amigos lectores, esta columna no aparecerá en las próximas dos semanas.

 

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