La otra opinión

Una de las múltiples ventajas de volver a disfrutar de El Espectador como diario es tener la otra opinión con la frescura de los acontecimientos, pero además, adquirimos la costumbre de leerlo cada día como el semanario que fue, es decir, buscando la crítica que no halla en otros espacios, la crónica diferente, el informe riguroso.

Con este comentario inicial quiero resaltar que, a diferencia de otros diarios, se toma un ejemplar de El Espectador de cualquier día y se tiene la posibilidad, con toda seguridad, de encontrar cosas nuevas e interesantes.

Por eso, al tomar nuevamente el del martes 3 de junio (N° 34.306) encontré en la redacción judicial un comentario a un fallo de la Corte Constitucional relacionado con una “sentencia que defiende el derecho fundamental de buena fe y el deber de solidaridad”, escrito por Humberto Coronel Noguera.

Estas noticias con una información tan precisa deberían tener una divulgación mayor en toda la prensa nacional, porque beneficia a un amplio sector de la población colombiana que se encuentra en iguales o peores condiciones que el profesor Óscar Orlando García Díaz, quien en su condición de desplazado dejó de pagar sus obligaciones al Banco Agrario de Colombia, pero sin eludir su responsabilidad.

Deja ver con claridad el abuso de que hacen gala las instituciones bancarias cuando de recuperar la plata se trata. Una cosa son los morosos normales, por llamarlos de alguna forma, y otra los morosos cuya situación se enmarca en la violencia y el desplazamiento. Una buena lección para la banca colombiana, que a veces hace derroche de creatividad para recuperar la cartera. Le encanta preguntar por difuntos, por ejemplo, y no entiende que a quien debe notificar es a su viuda y/o demás deudos.

La actitud del Banco Agrario es la actitud de muchos bancos en el país. Sus gerentes, tan pispos para atender a la clientela en sus despachos, no tienen el mínimo sentido de la solidaridad ni comprensión con aquellos deudores –que como el profesor de San Vicente del Caguán– explican su situación, la comprueban y asumen su responsabilidad. El profesor García Díaz le demostró a la banca que tiene más dignidad que ellos y que muchos funcionarios públicos indelicados y cínicos. Una vez logró estabilizarse laboralmente, volvió al banco para pagar su deuda. Increíble, el Banco Agrario de Colombia no le recibió. Por eso interpuso una acción de tutela contra dicha entidad bancaria.

Y por fortuna, la sentencia de la Corte Constitucional falló a favor de un ciudadano común y corriente, de los muchos que existen en la sociedad colombiana, pero honesto y correcto.

Estas crónicas periodísticas en las cuales la historia de un colombiano se convierte en la historia de muchos colombianos en las mismas y peores circunstancias, deben salir con más frecuencia con el criterio pedagógico de orientar a más gente que no sabe a dónde recurrir y qué hacer, que se atemorizan frente a las amenazas de cobro jurídico por parte de los Bancos y que se dejan deprimir por los procesos que se les adelantan.

Bienvenidas esas tutelas, que en realidad son las únicas herramientas de defensa de la inmensa mayoría de los colombianos.

Ana María Córdoba Barahona.  Pasto.

Sobre las secciones

La lectura de El Espectador me resulta enteramente agradable y útil. Ya era hora de acceder a un enfoque menos gobiernista en la manera de presentar las noticias. Sigo, eso sí, sin entender por qué razón la sección de “economía” lleva por nombre “negocios” y me genera dudas, también, el hecho de que la “cultura” comparta su lugar con el “entretenimiento”. Extraños mensajes los que le llegan a los lectores interesados en la lectura diaria de su periódico.

Paula Herrera. Bogotá.

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