Por: Hernán Peláez Restrepo

La palabra

Me dio su palabra, empeñó su palabra. La novia dijo sí y quedó pactado el compromiso. Usted me prometió. Estas expresiones, todavía de común ocurrencia, parece tienden a desaparecer en el fútbol, no solamente en Colombia sino en el mundo.

Hace varios años, siendo director técnico del Santa Fe, Julio Tocker fue a Buenos Aires a buscar jugadores. Conversó y concretó la presencia de Miguel Resnik, quien recibió un adelanto de algo así como cinco mil dólares. Tocker regresó a Bogotá y a los pocos días recibió un telegrama en el que Resnik le decía: “Problemas personales me impiden ir a Colombia. Favor indicarme a quién le devuelvo los dólares”.

El viejo Tocker le respondió por la misma vía y en forma lacónica: “No conozco persona de confianza en Buenos Aires. Favor traérmelos a Bogotá”. Y así fue, pues Resnik no solamente se vio obligado a cumplir con la palabra sino que resultó uno de los mejores jugadores en la historia de los cardenales.

Eran otros tiempos y la palabra tenía un valor real. Ahora resulta que jugadores como Jaime Castrillón y el mismo Totono Grisales dicen una cosa hoy, prometen ejercer un compromiso y casi enseguida lo desbaratan. Claro que la culpa de estas volteretas no es solamente de los jugadores. Es de familiares muy allegados a ellos y de los famosos empresarios, que ahora son dueños de los movimientos y sagaces a la hora de recalcular contratos.

Por eso y no debe ser la disculpa, cuando el jugador quiere salir de un equipo, como pasó con Ricardo Ciciliano, en Millonarios, teniendo contrato vigente, es necesario un arreglo con el club para anticipar la liquidación del mismo. De ahí que Iván Hurtado, en Nacional, y el llamado Burrito Martínez, en Cúcuta, debieron indemnizar a los equipos por no poder cumplir el contrato.

Antes de viajar, como pasó con Castrillón, es necesario conocer la oferta. En qué moneda, pues si son dólares, proceder al cambio para averiguar si se justifica el desplazamiento y no llegar y encontrar sorpresas como ocurrió esta vez.

Empeñar la palabra continúa siendo una forma de comprometerse. Y cumplirla es lo que encaja en los llamados códigos de honor. Pero viendo lo que pasa en el fútbol, nada mejor que blindar los contratos y hacerlos a término fijo, así las partes no se mirarán de reojo, sino se sentirán obligadas a cumplir.

 

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