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La pandemia del sector financiero

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No son nuevos los abusos del sector financiero ni nueva es tampoco su falta de solidaridad, aun en los momentos más difíciles de la historia del país.

Decía en la columna pasada que unas 40.000 familias dejaron de recibir la transferencia del programa Ingreso Solidario porque los bancos decidieron continuar cobrando a entidades y a personas las tasas que rigen en tiempos de normalidad. Ocurre, sin embargo, que los que corren no son tiempos de normalidad.

Sus procedimientos de rutina, que continúan diezmando las precarias economías familiares de buena parte del país, no paran aquí. A propósito de mi más reciente columna, me escribe Jorge Perdomo M., reputado analista del sector financiero del país, y me hace notar que el Banco de la República decidió liberar el encaje que la ley estipula para los bancos. El encaje es un monto mínimo del que los bancos no pueden disponer, que tiene que estar siempre líquido para respaldar los ahorros de los ciudadanos depositados en cada entidad. Lo que en la jerga de la economía familiar llamamos tener un “colchón”, o un “colchoncito” (según la capacidad de cada familia), para enfrentar las eventualidades que puedan advenir.

Pues he aquí que liberando el encaje (o modificando los mínimos de respaldo de los bancos a los ahorradores) debían las entidades financieras, por mandato gubernamental, comprar títulos valores que el Gobierno central llamó “títulos de solidaridad”. Estos dineros (unos $9 billones que antes estaban congelados y que ahora llegan al mercado a tasas que pueden ser hasta del 6%) supondrán para el sector financiero más de $500.000 millones, que se verán debidamente reflejados en los balances de este año y que, dada la altísima concentración del sector (los principales grupos tienen más del 60% del mercado), significan el beneficio de muy pocos a costa de los muchos. Sólo que en este caso –es decir, en medio de la pandemia– los muchos son los miles y miles de familias vulnerables a las que se hubiera podido beneficiar con un manejo más inteligente y más justo de los recursos.

Conocidos los antecedentes y su carrera política, no era de esperarse esa equidad o esa clarividencia en el ministro de Hacienda, ¿pero no hay ni un solo funcionario del Gobierno nacional o del Banco de la República que hubiese podido, por esta vez, salir en ayuda de todos aquellos que por causa de la pandemia perdieron toda estabilidad laboral y toda esperanza de una entrada económica para mañana?

Es una lástima, pues parece ser que no es posible que el Gobierno y el sector financiero se pongan de acuerdo, ni siquiera en tiempos de catástrofe nacional.

atalaya.espectador@gmail.com

@D_Zuloaga

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