Y la pandemia tocó a nuestra puerta...

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Sumidos aún en el dolor, la incredulidad, la impotencia ¡y también la rabia!... El Colegio del Cuerpo  (eCdC) de Cartagena de Indias tuvo que despedir --sin poderlo acompañar hasta su última morada-- a Don Guillermo Vivanco Guerrero, el inefable Don Guillo, miembro muy querido de nuestra casa desde el año 2007. A sus 71 años el coronavirus se lo llevó, después de estar internado en la Clínica Higea por más de 15 días, intubado, sedado y  boca abajo en una UCI... Esta pandemia de ciencia ficción, que nos tiene a todos arrodillados y encerrados, dejó de ser para nosotros realismo mágico y pasó a ser realismo trágico: la muerte de Don Guillo nos ha golpeado en la entraña misma de nuestra comunidad.

Y sentimos dolor porque fue un ser humano extraordinario: aunque su trabajo oficial era como conductor de la camioneta de eCdC, Don Guillo era como un padre, un maestro, un consejero de los niños y jóvenes que asisten a nuestros programas y que él transportaba con diligencia, responsabilidad y cariño. Para todo el equipo administrativo/pedagógico/artístico Don Guillo fue un colega noble y generoso. Algunos muchachos nos han contado que a veces compartía su almuerzo, cuando se daba cuenta de que alguno no había llevado qué comer. 

Incredulidad...pues es la primera persona de nuestro entorno cercano que ha caído, víctima de esto que nos está pasando y que a veces pensamos que no nos tocará. 

Impotencia, pues aún no sabemos cómo comportarnos frente a esta amenaza invisible, latente, que ya dejó de ser una amenaza para convertirse en una inapelable, cruel, pasmosa y patente realidad. Esta enfermedad mata y lo hace de manera implacable. No merecía Don Guillo, un ser entrañable, alegre y bueno, una agonía final como la que padeció.

Y sentimos rabia, ¡mucha rabia!, pues esta pandemia ha servido para revelar el lamentable estado de nuestro sistema de salud. Desde que Don Guillo fue admitido el 11 de junio, con severas dificultades respiratorias en la Clínica que le asignó su EPS, SALUDTOTAL, se le practicó la prueba por “isopado” ya que se sospechó desde el primer momento que padecía la enfermedad causada por el maldito virus, tal y como consta en la Historia Clínica que ayer tuve oportunidad de recorrer, con lágrimas en los ojos: “Diagnóstico Principal: COVID-19 (virus no identificado). “El 26 de junio, el día en que fallece, su familia recibe --junto con el certificado de defunción-- el resultado POSITIVO de la prueba que, según consta en la historia, le fue practicada el día 11 junio. Es decir, para recibir el resultado del examen y al mismo tiempo su cuerpo sin vida, debieron pasar 15 días. Y mientras tanto a ninguna de las personas de su entorno cercano (lo que se llama “el cerco epidemiológico”) se le ha practicado hasta la fecha la prueba...es decir ...........sin palabras. 

Negligencia criminal.

Nada ni nadie nos puede devolver a Don Guillo, pero como director de eCdC, me comprometo a adelantar las investigaciones a que haya lugar para desentrañar el por qué de esta injusta y oprobiosa situación. De nuevo son las comunidades más vulnerables las que padecen con mayor crueldad los rigores que impone la pandemia...

Don Guillo vivirá para siempre en la memoria y en los corazones del cuerpo colegiado de El Colegio del Cuerpo. Jamás lo olvidaremos y nos encargaremos de aclarar las lamentables e injustas circunstancias de su muerte.

Paz en su tumba.

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