Por: Iván Mejía Álvarez

La parranda

Durante toda la semana las imágenes de Cristiano, James y otras estrellas del Real Madrid festejando en un restaurante el cumpleaños del astro lusitano tras la goleada sufrida ante el Atlético de Madrid le dieron la vuelta al planeta y fueron motivo de mucha controversia y de encendidos debates, sobre todo en las llamadas redes sociales.

Seguramente si el cuadro blanco no hubiese caído estrepitosamente en una pésima presentación ante los colchoneros, nadie habría detallado en la fiesta y nadie les pondría la tinta a los comentarios. Pero como fueron humillados, todo es motivo de polémica.

Carlo Ancelotti se desmarcó con su última declaración de la polémica: “Respeto la vida privada de mis jugadores y no me inmiscuyo en lo que hacen”, intentando ponerle colofón a la conducta de sus jugadores.

Sin embargo, otra cosa piensan la mayoría de los hinchas, que no entienden cómo se festejan “derrotas” ante el segundo rival histórico, el adversario del derby madrileño. Ellos, los acalorados y molestos, piensan que Cristiano debió cancelar la fiesta y guardar compostura.

En el caso particular de James, sorprende que estuviese de “rumba” pocos días después de su operación y cuando debiera estar sometido a quietud total, recuperación y otros temas médicos. Seguramente el joven colombiano no quiso airar al patrón del vestuario blanco y acudió para cumplir con la invitación. Pero James tendrá que aprender a decir no, a negarse y tener la suficiente personalidad y convicción para tomar sus decisiones.

El hincha, del color que sea, del equipo que sea, no quiere ver a sus multimillonarios ídolos celebrando derrotas. Al hincha le parece falta de respeto de sus jugadores y no admite parrandas cuando las cosas salen tan mal.

Pero el tema central es el planteado por Ancelotti. Existe la intimidad en las figuras públicas o ellos, como algunos creen, están en el candelero y deben dar muestras de buen comportamiento y sindéresis. Aclarando que nadie ha hablado de una “orgía” sino de una fiesta común y corriente, con un cantante, donde, es lógico, se tomaron sus bebidas y bailaron al son de la música.

Acá el detonante es otro: la derrota. De seguro, si el Madrid hubiera ganado nadie habría hablado de la rumba y lo mínimo que se diría es qué fiestón armó Cristiano en su cumpleaños. Lo celebró por lo alto. Qué clase, hasta un cantante trajo de Colombia.

De algo pueden estar seguros: el Madrid gana, golea, Cristiano juega bien y todo se olvida, y entonces la culpa será de los de siempre: los periodistas.

 

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