Por: Columnista invitado

La participación social en la paz

Las conversaciones de paz entre el gobierno Santos y las Farc cuentan con un elemento que es fundamental en este tipo de procesos y que fue minuciosamente acordado entre los delegados del Gobierno y la guerrilla en conversaciones reservadas

 —como lo recomiendan los especialistas en negociación de conflictos—, una clara y precisa hoja de ruta que establece la agenda, los procedimientos de las conversaciones, la participación internacional, el mecanismo de negociación total —nada está acordado hasta que todo esté acordado— y la participación de la sociedad.

Sobre la participación social hay desde posiciones minimalistas que dicen que la sociedad no debe ser tenida en cuenta porque para eso está el Gobierno que la representa, hasta las que sostienen que todos los colombianos deben participar en la definición de los acuerdos, lo cual suena bien pero es inviable.

La hoja de ruta definió varios mecanismos de participación: la página web y los buzones en alcaldías y gobernaciones a través de los cuales cualquier colombiano puede enviar sus propuestas; los foros de participación social y la invitación de expertos a la mesa de conversaciones para que la ilustren acerca de diversos temas.

Para organizar los foros de participación, la mesa de diálogos les pidió a la Oficina de Naciones Unidas en Colombia y al Centro de Pensamiento y Seguimiento al Diálogo de Paz de la Universidad Nacional que los organizaran con base en los criterios acordados en La Habana.

Se han realizado hasta el momento tres foros en Bogotá, con un promedio de 1.200 participante —sobre Desarrollo Agrario, Participación Política y Drogas Ilícitas— y uno regional en San José del Guaviare con más de 300 participantes. Allí se han presentado propuestas de todo tipo que han sido organizadas, sistematizadas y enviadas a los negociadores. La mesa les ha dicho a los organizadores que las propuestas recibidas han sido fundamentales para contribuir a la construcción de los acuerdos a los que se ha llegado y eso habla bien de estos espacios de participación social.

Ahora las dos delegaciones se abocan a analizar el punto de solución al problema de las drogas ilícitas y de nuevo los aportes de los ciudadanos van a ser de la mayor importancia. Estoy convencido de que la voluntad política de ambas delegaciones es de avanzar en la construcción de los acuerdos para terminar con el conflicto armado y la existencia de la hoja de ruta que les da un norte claro a los mismos, es una garantía de que a pesar de las dificultades, que con seguridad se van a seguir presentando —acentuadas por la proximidad del período electoral—, la nave llegará a buen puerto para beneficio de todos los colombianos.

 

 

Alejo Vargas. Profesor de la Universidad Nacional *

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