Por: Ernesto Yamhure

La Pasión de ayer y hoy

HOY ES JUEVES SANTO, PRIMER DÍA del triduo pascual.

 

Durante la Semana Santa, los católicos conmemoramos, entre otras cuestiones, la institución de la Eucaristía. Igualmente, recordamos uno de los momentos más dolorosos e ignominiosos de la pasión del Señor: la conducción al pretorio, lugar en el que Jesús fue juzgado y condenado, sin prueba ninguna.

Federico Suárez, en su estupenda obra La pasión de nuestro Señor, narra con lujo de detalles el episodio de los últimos momentos de la vida de Jesús. Según el autor, basado en textos sagrados, el hijo de Dios fue maniatado, llevado y tirado ante el procurador Pilato. Cuando éste preguntó por el cargo que tenían contra el prisionero, los acusadores se limitaron a responder que “si éste no fuera un malhechor no te lo hubiéramos entregado”.

El señalamiento no era muy específico. Simplemente repitieron que Jesús era un delincuente. Pero, ¿qué delito se le imputaba?, ¿cuáles eran las pruebas con las que justificaron su detención? La respuesta es que no hubo crimen.

No obstante, el proceso comenzó. Guiémonos por Benedicto XVI: “La acusación de que Jesús se habría declarado rey de los judíos era muy grave. Es cierto que Roma podía reconocer efectivamente reyes regionales, como Herodes, pero debían ser legitimados por Roma y obtener de Roma la circunscripción y delimitación de sus derechos de soberanía. Un rey sin esa legitimación era un rebelde que amenazaba la pax romana y, por consiguiente, se convertía en un reo de muerte”.

Son muchos los estudios no sólo teológicos, sino jurídicos que demuestran cómo, a la luz del derecho judaico, a Jesús le fueron violentados todos sus derechos. La decisión de aplicarle la pena capital estaba tomada desde antes de que comenzara el proceso. Había que darle muerte y muerte de cruz.

Algunos dirán que aquello sucedía en tiempos remotos, cuando el desarrollo humano era incipiente. Asegurarán que el proceso contra Jesús se dio en medio del caos que se vivía en la región.

Tal vez todas esas razones sean ciertas. Lastimosamente, en el mundo actual, que se precia de los avances legales y procesales, seguimos registrando injusticias similares a las que tuvo que padecer Jesús.

Insisto en el caso de los cuatro tecnócratas exfuncionarios del Ministerio de Agricultura, encarcelados hace una semana y media. Aún no sabemos cuál es el supuesto crimen que ellos, personas completamente ajenas a la política, han cometido. Quisieron decir que habían permitido un peculado que favoreció a más de 30 mil personas. Fue un señalamiento burdo y carente de evidencias. El juez no aceptó los argumentos de la fiscalía y desestimó el supuesto robo.

Se admitió en cambio una posible celebración indebida de contratos, con lo que estaríamos enfrentando un debate de derecho administrativo frente al que hay opiniones tan lúcidas como las del exprocurador y excandidato a Fiscal General de la Nación, Carlos Gustavo Arrieta, quien ha dicho que lo actuado por parte del Ministerio de Agricultura está rigurosamente ceñido a la ley.

Pero nada de aquello es importante. Hay dos madres cabezas de familia y dos jóvenes padres, separados de sus hogares, cargando una cruz inmerecida, padeciendo el escarnio de algunos sectores de la sociedad que los ha flagelado y coronado con tiaras de espinas.

Como hienas hambrientas, igual que los judíos de su momento, gritan demandando inflexible castigo. Tristemente lograrán su cometido de crucificar a unos inocentes que hace pocos días fueron conducidos al Calvario.

Twitter: @eyamhure

 

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