Por: Mario Fernando Prado

La paz entre Santos y Uribe

CASI CINCO AÑOS DESPUÉS PARECE asomarse un humo blanco en las relaciones entre el presidente Santos y el senador Uribe.

El cordial saludo entre las respectivas esposas en día pasado abrió esa puerta que estaba trancada y antier, con la reunión entre el superministro Martínez y Uribe se dio un primer paso para establecer un diálogo necesario para alcanzar la tan esquiva paz.

Si bien la oposición continúa con sus reparos a las políticas del actual Gobierno, al que no cesa de criticar en materias sociales, económicas, educativas y ambientales, en el tema de la paz se advierte un mutuo deseo de ponerse de acuerdo en lo fundamental.

Y así el camino esté plagado de cáscaras de huevo, es preciso recorrerlo de la mano porque la unión es imprescindible para cesar la guerra y el Gobierno sabe que la cantaleta uribista es un palo en la rueda y, a su vez, el uribismo no puede seguir acentuando sus diferencias posando ante la opinión pública como un enemigo de la paz, así no lo sea.

Cada día las posturas entre estos dos grupos se hacen más coincidentes en lo que respecta, por ejemplo, a la entrega de armas, la cárcel para los cabecillas y otros inamovibles que reclaman a su vez los colombianos.

Es bien sabido que la última encuesta de Invamer-Gallup reflejó que la confianza en los diálogos de paz está en su peor momento y el desacuerdo con las conversaciones aumentó del 26 al 40%, afectando la desaprobación al presidente, que aumentó del 53 al 64%, desconociéndose los ingentes esfuerzos del primer mandatario, a quien sólo lo evalúan por las conversaciones de Cuba.

Así las cosas, hay que apostarle a ponerse de acuerdo en el desacuerdo, que esto se dé franca y categóricamente y que, por favor, sea Uribe el que hable y no muchos de sus seguidores, que enrarecen el ambiente y son, en últimas, los responsables de la polarización que está afectando al país.

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