Por: Alejandro Reyes Posada

La paz se funda en el perdón y la promesa

El perdón es la única manera de impedir que los actos del pasado arrastren su carga de venganzas hacia el futuro, así como la promesa es la única forma de unir el presente al futuro, al hacer posibles los acuerdos, que son promesas recíprocas. Corresponde a Hannah Arendt el mérito de haber situado el perdón y la promesa en el centro del análisis político con estas precisas connotaciones.

La atrocidad de la venganza no es proporcional a la atrocidad de la ofensa, sino a la atrocidad del que se venga, dijo Nicolás Gómez Dávila. En Colombia sabemos muy bien cómo reciclar las venganzas en nuevas violencias, no contra los verdaderos culpables, sino contra sustitutos indefensos de los culpables. Basta tratar a otros como enemigos para que se vuelvan enemigos y ocurra la profecía autocumplida del victimario. Al temor de que los guerrilleros que se reintegran a la sociedad sean portadores de un proyecto comunista, con la complicidad de Santos, lo sigue una oposición radical a la paz y a Santos, que se enarbola como una noble defensa de la familia, la libertad y la propiedad privada, pero que termina justificando el exterminio de los enemigos, justamente cuando buscan reconciliarse.

Para vergüenza del cristianismo de quienes emprendieron una cruzada contra la paz, el papa Francisco la defiende con tono alto y fuerte, para curar las heridas de Colombia y reconciliar los espíritus. No se dejen robar la alegría y la esperanza, dice el papa Francisco a los jóvenes. Luchen contra las tinieblas de quienes hacen justicia por mano propia, de quienes roban los recursos comunes con la corrupción, de quienes buscan polarizarlos y dividirlos, de los que siembran el odio y la sed de venganza y siguen atados a rencores, de quienes atentan contra el ambiente, dijo en la misa campal de Bogotá.

La gran mayoría de los colombianos apoya haber terminado el conflicto armado, pero tres grandes grupos se destacan en el proceso social de la reconciliación: los jóvenes, quienes más ganan con la paz porque recuperan su futuro y su país; las Fuerzas Armadas, que sufrieron el conflicto y ahora les dan la mano a los guerrilleros y se disponen a protegerlos, y las comunidades campesinas, indígenas y negras, que vivieron lo peor de la guerra y que ya están sintiendo los beneficios de la paz.

Pero también están activos los empresarios de las tinieblas, que quieren llegar al poder para hacer trizas el Acuerdo de Paz, para impedir la reforma rural integral, la participación de los movimientos sociales en política, la concertación con los cultivadores de coca para sustituir cultivos por desarrollo, la Justicia Especial para la Paz para juzgar y sancionar a los responsables de crímenes atroces, y para revertir la desmovilización y el desarme de las Farc.

Ellos saben que las promesas del Gobierno en el Acuerdo de Paz sí ponen en riesgo la propiedad de la tierra mal habida y las rentas injustas de quienes la monopolizan, en beneficio de los campesinos, a quienes se les ha negado el derecho de propiedad. Saben que una política social contra los cultivos ilícitos tiene mayores efectos contra el narcotráfico que la guerra química de la fumigación, que daña la salud y la naturaleza. También saben que hacer la apertura democrática va a desatar una masiva participación popular en torno de la solución de los conflictos socioambientales, que obligará a renegociar los costos y beneficios para multinacionales y comunidades. Y por encima de todo lo anterior, saben que el tribunal de justicia transicional les exigirá confesar su complicidad en las masacres y asesinatos de los paramilitares, así como explicar por qué ocurrieron los falsos positivos para exhibir ganancias de la seguridad democrática a cualquier costo humano.

alejandroreyesposada.wordpress.com

Buscar columnista