Por: Luis Carlos Vélez

La paz: una cuestión de madurez

Que los colombianos logremos un acuerdo de paz realmente depende de qué tan maduros estemos como Nación.

 Refrendar lo que se acuerde en La Habana entre los representantes del Gobierno y las Farc es cuestión de qué tan dispuestos estamos como país a aceptar que tenemos que ceder algo para dar un paso adelante hacia la paz. La paz no es gratuita. Tiene un costo.

Un escenario perverso que podría darse, tal como ocurrió en Guatemala, es que las partes lleguen a un acuerdo en la mesa y luego el pueblo rechace el documento final y opte por la guerra. Ese es un escenario real debido a nuestra dinámica. La discusión política en nuestro país se ha centrado en si estamos o no de acuerdo con el proceso de paz, algo que es correcto, pero que pierde validez en el momento en que tanto la demagogia como la falta de precisión se apoderan de la discusión.

En el tema de la demagogia, es evidente que las voces enemigas del proceso hablan muy duro. Es mucho más fácil destruir que construir. Cala mucho más el argumento combativo que el reflexivo. El problema es que en este caso muchas de las posturas que se esgrimen en contra del proceso están basadas en verdades a medias o supuestos.

Por ejemplo, después del acuerdo logrado sobre participación en política de las Farc en un eventual escenario de paz, los opositores han dicho que esto se traduce directamente en curules para las Farc, algo que no es cierto. El acuerdo revelado por las partes establece la creación de circunscripciones especiales para las poblaciones más afectadas por el conflicto, no escaños para la guerrilla.

Y segundo, tampoco es cierto que las poblaciones más golpeadas por la guerra estén convencidas de que la propuesta política de la insurgencia es la más adecuada para resolver sus problemas. Esto no es una opinión, es en realidad el resultado del más reciente estudio del Barómetro de las Américas realizado por la Universidad de los Andes y la prestigiosa Universidad de Vanderbilt.

Según este análisis, el 61% de los colombianos no aprueban que las Farc formen un partido político, algo que incluso tiene una percepción peor en las zonas de conflicto, en donde esta desaprobación se eleva al 68%. Es decir, no es cierto que si se le permite a la guerrilla lanzar su plataforma política, será inmediatamente elegida en los lugares en donde más se siente el conflicto en el país.

Ahora, en el tema de la falta de precisión por parte del Gobierno en comunicar sus logros y evolución del proceso también hay que hacer observaciones. Es entendible que no se quiera negociar frente a los micrófonos, algo que sólo trae problemas, pero también es cierto que de la pedagogía que se establezca para enseñarnos a todos los alcances del proceso dependerá su aprobación o rechazo.

Así las cosas, es esencial que en el tema de la paz y los alcances de todos los puntos no se nos mienta. Ni el Gobierno, ni sus opositores. La Nación merece que nos digan las cosas como son y no con el sesgo de las posturas políticas a favor y en contra del proceso.

 

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