Por: María Elvira Samper

La pelea por Bogotá

CUANDO EL PROCURADOR ALEJANdro Ordóñez suspendió por tres meses al alcalde Samuel Moreno, quedó planteado un pugilato por Bogotá entre el Polo y el presidente Santos. De esa pelea a varios asaltos, hasta ahora hemos presenciado cinco.

Primer asalto: Santos insinúa que habría inhabilitados en la terna. Segundo asalto: la Secretaría Jurídica de la Presidencia dice que Mariella Barragán está inhabilitada porque actuó como alcaldesa (e) en 2010. Tercer asalto: la presidenta del Polo, Clara López, dice que insistirán en el nombre de Barragán con argumentos jurídicos que contradicen los del Gobierno. Cuarto asalto: Santos anuncia consulta al Consejo de Estado para que diga si Barragán está o no inhabilitada. Quinto asalto: Barragán da un paso al costado.

 Con esta decisión, muy digna por cierto, sobra la consulta, una jugada del presidente, que busca ganar tiempo (¿le apuesta a la destitución de Moreno?), porque no está dispuesto a soltar las riendas de Bogotá fácilmente. En este sentido, un claro mensaje ha sido el protagonismo de la ‘minalcaldesa’ María Fernanda Campo que, en solo dos semanas, se ha hecho sentir en todos los escenarios para marcar la diferencia con Moreno, mensaje que el presidente subrayó cuando dijo que los bogotanos quieren verla al frente de la ciudad “porque encarna la honestidad y la eficiencia que están clamando de sus gobernantes”.

 Corto de miras, el Polo ha violado el undécimo mandamiento: no dar papaya. El Comité Ejecutivo se equivocó al enfrentar el escándalo de la contratación, pues convirtió en jurídico un debate que era ético y político, y dejó en manos del procurador una decisión que era suya: desmarcarse de los hermanos Moreno Rojas. Y falló de nuevo al escoger la terna porque no entendió que la deuda era con Bogotá y la armó en función de los intereses de facciones del Partido y no de los superiores de la ciudad.

 Tiene ahora una segunda oportunidad y es poner un peso pesado en la terna o integrar una nueva con figuras de más alta significación para la ciudad. De no hacerlo, corre el riesgo de que el presidente la devuelva. Podría apelar a la tesis de la inviabilidad que sentó la Corte Suprema cuando le rechazó a Uribe la primera terna para elegir fiscal general. La misma que le sirvió a Pastrana en 1999 para rechazar la que le presentó el Partido Liberal tras la renuncia forzada del alcalde de Cartagena, Nicolás Curi, por irregularidades en la contratación. El Gobierno  consideró que sus integrantes no eran idóneos y que designar a uno de ellos no era de conveniencia pública.

No basta, entonces, con que los candidatos llenen los requisitos mínimos, que sean honestos y buenos profesionales. También es necesario que respondan a las expectativas de la ciudadanía y al tamaño del encargo que, en el caso de Bogotá, supone conjurar la crisis de credibilidad y confianza en la administración, garantizar la transparencia en la adjudicación de millonarias licitaciones pendientes, terminar las obras atrasadas y colaborar con los organismos de control para destapar las ollas podridas, entre otras muchas tareas.

La terna del Polo, integrada por representantes de los sectores incondicionales de la casa Moreno Rojas (el “Polo que resta”), no da las necesarias garantías de independencia frente a una administración que está en la picota por ineficiencia y corrupción, no como resultado de un complot contra la izquierda, como dice la cúpula directiva del partido. Ya sonó la campana para el sexto asalto. Corresponde al Polo ponerse los guantes y presentar una nueva terna que deje al presidente sin argumentos para devolverla. Es la última oportunidad para no perder por K.O. la pelea por Bogotá.

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