Elecciones 2018: Colombia elige presidente

hace 9 mins
Por: José Roberto Acosta

La perjudicial revaluación

El emisor intenta moderarla, mas no detenerla. Paradójicamente es incentivada por el Gobierno.

Como casi todo en economía, la revaluación tiene dos caras, pero entre la mala y la buena para un país como Colombia, pesa más su efecto perjudicial, pues su aparato productivo necesita competir con precio primeramente y la revaluación termina encareciendo a ojos de la competencia extranjera los bienes y servicios producidos acá.

Y aunque entre los beneficios de un dólar bajo está el abaratamiento de las importaciones y menor costo de endeudarse en el exterior, la potencial destrucción de empleo que implica la pérdida de competitividad de nuestra producción es un elevado costo social en momentos como los actuales, en que el país es el de mayor tasa de desempleo abierto en América Latina.

Pero si lo malo pesa más que lo bueno, ¿por qué no se evita revaluar el peso? Pues porque es una tendencia del mercado a nivel global, en la que la debilidad del dólar es promovida por el mismo gobierno norteamericano para mejorar sus exportaciones y salir de la recesión que tan duro golpeó su economía recientemente.

Además, la táctica de debilitar su moneda para favorecer su producción interna y bloquear las importaciones es usada también por países como China, al que se acusa de mantener artificialmente debilitada su moneda, la cual administra unilateralmente su gobierno sin permitir que su precio sea definido por el libre juego de los mercados.

En Colombia, el Banco de la República vuelve e intentar moderar, mas no detener, la revaluación, que paradójicamente es incentivada por permanentes entradas de divisas del mismo Gobierno para cubrir sus gastos internos, a las que suman las ventas de dólares por utilidades e inversión de Ecopetrol, evidenciando cómo el creciente desequilibrio fiscal que adolece nuestra economía incentiva este perjudicial proceso que destruye producción y mano de obra.

Adicionalmente, a diferencia de lo hecho cuatro años atrás, hoy no hay recursos con los cuales apoyar a sectores como flores y banano, que recibieron subsidios por casi $1,5 billones, con el compromiso de no despedir trabajadores.

Las compras diarias por US$20 millones que el Banco de la República se comprometió a subastar para el primer semestre no alcanzan a ser el 2% del volumen negociado en el mercado local y aunque queda abierta la posibilidad de convocar opciones de volatilidad que le permitirían entrar a comprar hasta US$180.000 millones, esto tampoco sirvió para detener una caída que llegó hasta $1.648 por dólar hace casi dos años, nivel en el que definitivamente varios sectores productivos ya no serían viables financieramente.

Aunque el tipo de cambio no debería ser la única variable de competitividad de nuestro sector productivo, en ningún país se desconoce su importancia para ampliar y diversificar mercados, sobre todo en el caso de Colombia, donde dependemos para exportar en alta proporción de dos países: Estados Unidos con un dólar débil y Venezuela, que devalúa cuando quiera su bolívar fuerte y tiene control de capitales. Y la diversificación se refiere no sólo a mercados, sino principalmente a productos y servicios, pues en Colombia se observa una concentración de inversión en sector petróleo, que además de no ser intensivo en mano de obra, sus ventas pueden aguantar cualquier precio de dólar.

Si en el país lo único viable cambiariamente son materias primas como petróleo y carbón, eso puede llevarnos a la temida enfermedad holandesa, la cual sufrió el país en los años 90 con el descubrimiento de los pozos de Cusiana y Cupiagua y que desencadenó, junto con otros factores, en la peor crisis económica que ha sufrido el país a finales del siglo pasado.

Lo único que justificaría la sostenida fortaleza del peso y compensaría sus efectos adversos sobre la competitividad interna, es que los niveles de productividad de nuestro aparato productivo mejoren; sin embargo, ni en investigación y desarrollo, ni en inversión en capital humano se observa grandes niveles o incentivos.

Nadie es más grande que el mercado y si los flujos siguen presionando el dólar a la baja, no hay banco central que valga, ni amenaza ministerial que los detenga, pues a los capitales golondrina no les interesa si nuestro modelo de desarrollo es viable o no, sino sólo buscar ganancia de corto plazo “porque en el largo plazo, todos estaremos muertos”.

Buscar columnista

Últimas Columnas de José Roberto Acosta