Por: Catalina Uribe

La “perla” de Marta Lucía Ramírez

En el pasado debate de vicepresidentes, Marta Lucía Ramírez no sólo cayó en la frase discriminatoria por excelencia, “yo tengo muchos amigos homosexuales, pero…”, sino que dijo la siguiente perla sobre la adopción igualitaria: “El día que no haya otra posibilidad, pues perfecto, pensemos entonces, pero hoy por hoy hay montones de parejas heterosexuales que pueden darles a los hijos todo el amor en lugar de preferir a una pareja homosexual”.

Tratemos de entender el argumento. ¿Cree ella que es legítimo discriminar a las minorías por el mero hecho de que hay mayorías disponibles para ejercer sus derechos ciudadanos? Vamos con ejemplos concretos: ¿podríamos afirmar entonces que no debería haber una vicepresidenta porque hay muchos hombres disponibles para hacerlo? ¿O que una persona negra debería ceder su turno a los blancos porque hay varios haciendo fila?

El martes pasado, el New York Times publicó una columna de Rob Henderson, quien después de ser abandonado por su familia heterosexual pasó por muchos hogares adoptivos disfuncionales, hasta que una pareja de lesbianas lo adoptó. Según él, fue la estabilidad de este último hogar la que lo condujo a ser el hombre exitoso que es hoy; sirvió en la Fuerza Aérea estadounidense y se acaba de graduar de la Universidad de Yale, una de las más prestigiosas del mundo.

Henderson dice que su experiencia lo volvió un defensor de los valores familiares. Es más, se llama a sí mismo conservador. Pero lo que él busca conservar es la responsabilidad, la estabilidad y la atención prioritaria para los hijos, no el odio. El problema de Marta Lucía y sus aliados no es solo que todavía dividen el mundo entre ciudadanos de primera y de segunda, en donde los segundos sólo tienen derechos si los primeros ya ejercieron los suyos, sino que olvidan que defender el hogar es resaltar las dificultades y responsabilidades de mantenerlo, que nada tienen que ver con el género.

 

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