Por: Cecilia Orozco Tascón

La piñata nacional y su rey

Los sinvergüenzas que se han tomado los poderes públicos, mediante las artimañas del clientelismo o la cooptación, se liberaron de todo recato.

No disimulan el desprecio por los ciudadanos porque saben que ellos tienen el control real del Estado por la capacidad de compra de votos del Legislativo o por los puestos que capturaron hace años el Ejecutivo y el Judicial. Por eso, el eterno secretario general del Senado Emilio Otero, su par en la Cámara Jesús Alfonso Rodríguez, los subsecretarios, las secretarias de los subsecretarios, etc., se postulan de nuevo, ni tontos que fueran, seguros de que permanecerán en sus sillas a partir del viernes próximo, engordando sus barrigas y sus bolsillos por cuenta de nuestra pasividad. Y por cuenta, desde luego, de la decisión de los corzos, los enríquez y los garcías que notificaron al país que la votación por Otero y amigotes será secreta, disgústele a quien le disgustare.

El Ejecutivo, por su parte, afila su arma burocratista para usarla a partir del 20 de julio con el objeto de recomponer sus relaciones con el Congreso mientras mira impasible, como es ya usual en él, la rapiña del resto de bienes públicos que se ferian los parlamentarios y los amos de las cortes de hoy, tan mezquinos como los congresistas. Un ejemplo: de acuerdo con el programa de Arizmendi en Caracol Radio, la Sala de Gobierno de la Corte Suprema, cual corzo colectivo, tomará la opción de no volver a citar a audiencias públicas que garanticen esa tontería llamada transparencia, en este caso para escoger a su candidato a la terna para procurador, o para escoger a los magistrados que enviará al Consejo de la Judicatura. Su argumento es “contundente”, según Caracol: “si el presidente Santos no lo hace, ¿por qué nosotros sí?”.

En la piñata nacional hay otras sorpresas. Le pregunta María Jimena Duzán a Fernando Londoño quien, por cierto, se declaró asombrado de que alguien creyera que él es de ultraderecha (!!!): P/ “¿No será que el verdadero candidato (de la falange uribista para las elecciones presidenciales de 2014) va a ser el procurador Ordóñez?”. R/ “No se equivoque: él está dedicado a su campaña por la reelección”. P/ “¿Será que lo ‘terna’ el presidente Santos?”. R/ “Pues se lo tiene prometido… Pero si el presidente no lo ‘terna’, lo hace la Corte Suprema o el Consejo de Estado”. Dicho por el mejor amigo y tertuliano del círculo familiar del procurador, hay que creerlo: él debe tener listas las tres opciones. El Consejo de Estado es suyo. Tiene del cuello al presidente con la conveniente investigación a Vargas Lleras. La Suprema está invadida por él y sus subordinados y pronto lo estará más. En efecto, allí se encuentra apoltronada su exprocuradora Margarita Cabello Blanco y está a punto de ingresar su procurador delegado Eyder Patiño para ocupar la silla de Augusto Ibáñez. Los magistrados Javier Zapata, presidente de la Corte; José Leonidas Bustos, presidente de la Sala Penal; Jorge Mauricio Burgos y Ruth Marina Díaz se han declarado impedidos de conocer asuntos de Ordóñez por ser sus amigos o por tener parientes empleados por él.

El exprocurador delegado Édgar Sanabria es hoy magistrado de la Judicatura y su exjefe también apoya, por múltiples afinidades con Francisco Ricaurte, el traspaso de este, de la Suprema a la Judicatura. La elección de Sandra Morelli en la Contraloría, de acuerdo con afirmaciones de la época, es gracia de la seducción ordoñista. Al menos ella terminó dándole contrato de asesoría al yerno del procurador. De remate, su predilecta Ilva Myriam Hoyos irá a la Corte Constitucional. Con razón Ordóñez ha dicho que le importa un bledo lo que digan los medios ¿Qué le interesa? Él es el rey de la piñata.

 

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