Por: Luis Carlos Reyes

La piñata presupuestal del Congreso

El año pasado el Ministerio de Hacienda anunció que faltaban $14 billones para financiar al Estado –el famoso “hueco fiscal”– y que el país tenía que meterse la mano al bolsillo colectivo poniéndole IVA a la canasta familiar. Después de meses de debates en el Congreso, terminó aprobándose –con el beneplácito de Hacienda– una ley de financiamiento que no sólo no subía el IVA, sino que incluía recortes de impuestos de $9 billones para el sector empresarial.

Hubo voces que decían con firmeza que ese tal hueco fiscal no existía, y que en todo caso no tendría sentido resolverlo con enormes recortes de impuestos a las empresas de las personas más acaudaladas del país. Pero, en últimas, los cuestionamientos a las cuentas del Ministerio de Hacienda fueron escasos, porque el Congreso no cuenta con la capacidad técnica de analizar a fondo –mucho menos de debatir– lo que le dice el Ministerio.

La relación entre el Ministerio de Hacienda y el Congreso es más o menos como si en una piñata el mago estuviera a cargo de repartir la torta. Después de hacer varios pases mágicos con el sombrero y la varita, el mago les informa a los niños que faltan 14 tajadas y les va a tocar comer menos. Los niños protestan. El mago empieza a encontrar monedas detrás de orejas, aparece conejos y desaparece palomas y, oh sorpresa, la solución al problema es regalarles 9 tajadas a los empresarios amigos del mago.

Los niños caen en dos categorías: unos, que son bien conocidos por el público colombiano, son garosos y no cuestionan la magia mientras les toque una tajada generosa del pastel. Pero otros –y pese a la percepción crítica que todos tenemos del Congreso, cada vez hay más de estos– son los invitados aburridos que no dejan de preguntarse cómo es que funciona el truco. Ante sus cuestionamientos, el mago les dice que para eso tienen derecho a preguntarle todos los detalles que quieran a su despampanante asistente, la Dirección General de Presupuesto Público.

La asistente ha trabajado para muchos magos, y siempre les asegura a los niños que el mago es supremamente técnico, que tiene estudios en Hogwarts y sabe lo que está haciendo, que obviamente no roba, que lo único que le interesa es el bien del país y que sí, que si el mago lo dice, regalar pastel es la solución a la falta de pastel.

En estos días se debate un proyecto de ley para crear la Oficina de Asistencia Técnica Presupuestal (OATP), una oficina de asesoría económica del Congreso cuyo jefe no sea el ministro de Hacienda ni nadie en la rama ejecutiva. Este proyecto es esencial para que el Legislativo pueda cumplir con su función constitucional de hacerle veeduría a los proyectos de gasto y a las reformas tributarias que propone el Ejecutivo. En el Observatorio Fiscal de la Universidad Javeriana nos consta de primera mano que los asesores económicos de congresistas de todos los partidos –desde la Lista de la Decencia hasta el Centro Democrático– carecen de respuestas oportunas por parte del Ministerio de Hacienda cuando se trata de debatir el uso de los recursos de la nación. Lo sabemos porque uno a uno se acercaron a nosotros durante el debate de la Ley de Financiamiento a pedirnos conceptos técnicos que, como lo afirma el Estatuto Orgánico del Presupuesto, debería darles el Ministerio de Hacienda.

La OATP es necesaria porque el país requiere doble asesoría presupuestal. El Ministerio de Hacienda promueve la agenda política del Ejecutivo –lo cual es una tarea legítima–, pero no puede ser juez y parte de sus propias propuestas.

Es cierto que cada congresista tiene uno o dos asesores económicos. Sin embargo, por capaces que sean, los asesores se enfrentan a solas contra el equipo técnico económico más importante del país, el del Ministerio de Hacienda, que además cuenta con información privilegiada. Y en esas confrontaciones de niño contra mago, siempre gana el mago. Pero en una democracia no puede ser suficiente que los empleados del ministro de Hacienda le digan a todo el mundo que el ministro tiene razón. Sí, puede que los magos sean benévolos y desinteresados y no roben, y que además la magia esté bien pensada y termine funcionando. Pero en una democracia de adultos y no de niños hay que entender cómo funciona el truco.

La creación de la OATP es recomendada por la OCDE, y existen oficinas análogas a la OATP tanto en Estados Unidos como en los principales países de Europa. Curiosamente, el concepto técnico del Ministerio de Hacienda de Colombia en este caso difiere del concepto técnico de la OCDE: según la asistente del mago, el Ministerio ya cumple con la tarea de la OATP, así que no hay necesidad de desperdiciar pastel en este proyecto de menos de $2.000 millones al año, aunque sí hay para hacer recortes de impuestos a las empresas por un valor 5.000 veces mayor. Juzguen ustedes mismos: hay pastel para todos, menos para los que puedan cuestionar la magia.

* Ph.D., profesor del Departamento de Economía y director del Observatorio Fiscal, Universidad Javeriana.

Twitter: @luiscrh

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