La plaza del Siete de Agosto

Teniendo en cuenta la nota periodística del lunes 14 de julio, página 22, “Los conflictos en el interior de las plazas”, en el cual incluyen mi nombre, “Hernando González Atuesta”, involucrándome en afirmaciones y declaraciones que en ningún momento realicé. Por ejemplo:

- Que en la plaza se consumía y distribuía alcohol y drogas psicoactivas, a lo que fui enfático que nunca en la plaza se han presentado estos fenómenos.

- Que hay generaciones de una misma familia. Yo confirmé que existen dos familias, como la Moreno, que maneja las artesanías, y la Reina, que maneja las carnicerías, pero fui claro en que nunca ha habido conflictos entre ellos, por el contrario, que estas familias han ayudado al progreso de la plaza, y esto último no lo sacaron en la nota.

- La periodista me preguntó: ¿Se presentaban hurtos dentro de la plaza? A lo cual contesté que no, y que además hacía más de cuatro años, según versiones de los mismos comerciantes, no se han visto ni robos ni raponazos en los alrededores de la plaza.

Aclaro ante ustedes que accedí a contestar las preguntas a la periodista, siempre y cuando no se hablara mal de la Plaza de Mercado del Siete de Agosto. Por el contario, le solicité que se hablara de las bondades de la plaza y que publicara fotos de la plaza para ver las mejoras y la buena presentación de los puestos.

Por lo anterior, aclaro que no estoy juzgando ni poniendo en tela de juicio la investigación realizada por el Centro de Estudios y Análisis en Convivencia y Seguridad Ciudadana, pero solicito hacer aclaración de la nota en mención, ya que atenta contra la imagen y la comercialización de la Plaza de Mercado del Siete de Agosto.

Hernando González Atuesta. Bogotá.

Inteligencia militar

Ha sido magistral el golpe que les han dado a las Farc para lograr la liberación de Íngrid y otros 14 secuestrados; quedan muchos, pero algo es algo. Ha sido una muy buena noticia y hay razones para celebrarlo. ¡Finalmente la “inteligencia” del Ejército funcionó!

Los ingenieros civiles dicen jocosamente que “la ingeniería militar es a la ingeniería, lo que la inteligencia militar es a la inteligencia”. Y es que, con notables excepciones, los hombres que escogen la carrera de las armas no descuellan precisamente por inteligentes. Las armas y la fuerza son el argumento de quienes no tienen otro.

Sin embargo, ahora tendríamos que admitir que el Ejército actuó con inteligencia... ¿O será porque las Farc, en tanto fuerza armada, son más estúpidos?

Esta acción militar ha sido tal vez la única en que el Ejército ha logrado con éxito un rescate; lo demás han sido fracasos: desde la toma de Casa Verde en 1988 hasta el fallido rescate del gobernador de Antioquia Guillermo Gaviria y su asesor de paz, el ex ministro Gilberto Echeverri, quienes terminaron muertos en mayo de 2003. Pero ahora fue una decisión audaz basada en la estrategia del engaño, que de alguna manera es pagarles a las Farc con la misma moneda otra acción audaz cuando guerrilleros disfrazados de soldados secuestraron a los diputados de la Asamblea del Valle en pleno recinto. ¿Y eso sería una iniciativa inteligente o estúpida?

De todos modos, está bien que se requiebre la moral y la estructura militar de las Farc. Ellos son los responsables de muchas desgracias nacionales. Si no fuera por las Farc, no existirían los paramilitares (que han producido más asesinatos, más desplazados, más refugiados y más emigrantes que ningún otro grupo armado en la historia de Colombia). Los paramilitares han propiciado la elección (forzada por las armas) de muchos políticos; si no fuera por las Farc, no veríamos a 60 parlamentarios investigados por vínculos con asesinos; si las Farc no existieran, no se hubiera cambiado, con trampa o cohecho, la Constitución; entonces no tendríamos a Uribe y no estaríamos en las que estamos: una banana república con un caudillo, que como Chávez, modifica la Constitución en beneficio propio, sin respeto por lo que hace legítima una democracia moderna: la Constitución sagrada e inviolable.

Un periódico suizo afirma que no fue un rescate de 15 secuestrados, sino una entrega a cambio de 20 millones de dólares. No parece cierto. Pero todo es posible en un país en donde se compra lo que sea: recompensas por delación, se paga la entrega de un guerrillero muerto a manos de otro, se compra a Yidis y a Teodolindo. El Ejército fabrica falsos positivos por recibir recompensas. El ministro Santos dice mentiras, Uribe también. Entonces queda la duda de los US$20 millones.

La justicia debe prevalecer, y ojalá algún día se reduzcan las iniquidades, causa primaria de la insurgencia agraria.

Rodrigo Díaz Llano. Ex decano Facultad de Medicina, Universidad Nacional de Colombia.Atlanta, E.U.

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