Por: Ana Milena Muñoz de Gaviria
Horizontes

La polarización política en la región

El mundo continúa polarizado y la polarización política crece cada vez más. Todo gira en los extremos y los puntos medios poco se ven. A los partidos tradicionales en la región les ha faltado un discurso y acciones que ayuden a resolver los problemas de la gente: la violencia, la inseguridad, la falta de justicia, la pobreza, el empleo, la salud, la vivienda y la educación, entre muchos otros temas. Los sistemas no han logrado que el desarrollo económico y social llegue a todos. Se ve un cansancio en el sistema político y buscan así otros caminos, otros discursos más radicales y por eso cada vez más se presentan a las elecciones nuevas personas ajenas a la política o nuevos grupos políticos.

Estados Unidos es un buen ejemplo, pues las elecciones estuvieron polarizadas y apareció un empresario, Trump, que conectó con el pueblo, usó un discurso populista de derecha y ganó. Y aun pasadas las elecciones, la polarización ha continuado, pues no ha gobernado para todos los norteamericanos, sino principalmente para quienes votaron a su favor. Hoy existen los pros y los contras de Trump, y las acciones cambiantes y machistas de su gobierno están encaminadas a afianzar su poder en el Congreso, en las cortes y buscar la reelección en el 2020.

En Colombia igualmente las elecciones se resolvieron así, después de numerosos candidatos, fueron los extremos los que llegaron a la recta final. Derecha e izquierda usaron todos los mecanismos durante la contienda electoral y llegó Iván Duque, quien ha gobernado con un tono más conciliador diferente al de su partido y se espera que este sea un mejor camino.

México es otro ejemplo, pues allí ganó la izquierda de Manuel López Obrador, que por primera vez llega al poder después de más de 89 años de gobiernos del PRI y el PAN, caracterizados por una corrupción creciente y una mala distribución de ingresos y del desarrollo. Costa Rica se vio enfrentada igualmente a discursos extremos en temas como el matrimonio igualitario entre Fabricio Alvarado, predicador evangelista, y Carlos Alvarado, un joven político, quien triunfó.

Ahora los ojos ven a Brasil, donde nuevamente la contienda presidencial está entre la ultraderecha, con Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal, que tiene la mayor intención de voto, y la izquierda, con Fernando Hadad, del Partido de los Trabajadores, de Lula da Silva, quien fue impedido a presentarse y está en la cárcel. Ambos crecen y los puntos medios tienden a desaparecer. El establecimiento que quería librarse de Lula se va a ver enfrentado a tomar decisiones entre dos candidatos radicales. Bolsonaro, populista de derecha, ha sido comparado con Trump. El discurso utilizado es misógino, homofóbico y racista. Las mujeres han alzado su voz, pero toda predicción es muy incierta. Es claro que pasarán estos dos candidatos y que para una eventual segunda vuelta habría un empate técnico, de acuerdo a los sondeos.

No hay un patrón establecido: gana a veces la derecha y otras, lo opuesto. Lo que sí aparece siempre son el radicalismo y la polarización política de un extremo a otro y que en muchas situaciones con sus acciones amenazan el sistema democrático.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Ana Milena Muñoz de Gaviria

Última columna

Lucha contra una cultura de corrupción

Pacto por Colombia, el nuevo derrotero