Por: Andrés Hoyos

La política del cáncer

LA MAYORÍA DE LOS CÁNCERES SON curables, así que lo más probable es que Chávez se salve y sea un candidato presidencial relativamente sano a fines de 2012. Sin embargo, su enfermedad implica cambios decisivos en la política venezolana.

 

El más obvio ocurriría si el presidente muere pronto y el país se ve enfrentado a la incertidumbre total. En todo caso, la enfermedad de Chávez puede tomarse como un ensayo general de lo que vendrá después.

A muchos latinoamericanos les gustan los caudillos, sobre todo los que tienen la chequera bien provista. En ello no se comportan de forma demasiado diferente a la de una querida, que se bate ferozmente en favor de su papi, siempre y cuando el hombre siga girando. La chequera de la que se apoderó Chávez es gigantesca: con petróleo a 90 dólares el barril, el ingreso correspondiente del Estado venezolano asciende a cerca de 200 millones de dólares al día, lo suficiente como para comprar una elección tras otra y para que la famosa boliburguesía se enriquezca de forma colosal.

No obstante, la política institucional de Chávez ha consistido en desmantelar las instituciones, de suerte que su ausencia definitiva desataría un corre corre parecido al que ocurre cuando alguien levanta una gran piedra y los insectos empiezan a correr desorientados en todas las direcciones. Por lo que se sabe, el PSUV, no es ninguna de las cuatro cosas: no es un partido orgánico, no es socialista, no está unido y no es de Venezuela. Se trata de una organización chavista, regida con mano férrea por el presidente. Ausente él o debilitado seriamente su poder, lo previsible sería que el PSUV saltara hecho pedazos. Esto deja como única espina dorsal del régimen a las Fuerzas Armadas, con el considerable bemol de las hasta ahora vaporosas milicias bolivarianas, organismos paramilitares que Chávez y algunos de sus colaboradores más radicales, por ejemplo su hermano Adán, instalaron por si venían los gringos. Claro, ahora lo que viene no son los gringos, sino el cáncer. ¿Qué papel jugarían las milicias en ese caso? Algo me dice que los militares querrían desarmarlas pronto, lo que podría desembocar en el peor de los escenarios: la violencia fratricida.

La plata en estos casos es crucial. Una parte de la boliburguesía querrá conservar lo adquirido, mientras que otra parte querrá seguir de fiesta acumulando más. Se les opondrán los infortunados que no sacaron tajada y una minoría radical, enriquecida o no.

Los del entorno cercano al presidente intentarían instalar un chavismo sin Chávez, invocando a su gran líder, lo que seguramente los llevaría de crisis en crisis en un proceso de desenlace incierto. La oposición, que espera impaciente desde hace 12 años para aplicar su propia política de cambios, tampoco promete sindéresis. Es paradójico, pero a ellos les conviene enfrentarse con un Chávez fuerte, en el entendido de que el caudillo ha cometido toda suerte de tropelías, pero hasta ahora se ha abstenido de otras peores. Sin embargo, ¿puede uno confiar en que un chavismo sin Chávez se abstenga de algo? ¿No les daría por empezar a fusilar “escuálidos” a la primera provocación?

Sea de ello lo que fuere, tarde o temprano llegarán tiempos de extremo peligro para Venezuela, los cuales no dejarán de impactar a los países vecinos, muy en particular a Colombia, a Cuba y al Caribe. ¿La moraleja? Que las orgías caudillescas no son gratis.

andreshoyos@elmalpensante.com @andrewholes

 

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