Por: Pablo Felipe Robledo

La política en llamas

La política, como instrumento idóneo de la democracia para generar bienestar económico y social a través de políticas públicas certeras y sostenibles, en el mundo (desarrollado, en desarrollo y no desarrollado) está inmersa en una crisis, no la primera, pero sí bastante preocupante.

Cada día hay más países envueltos en la miseria política. Y ya no por cuenta exclusiva de la absurda corrupción, sino por la presencia en las más altas esferas del poder (presidentes y primeros ministros) de “líderes” totalmente fieles al populismo, la irresponsabilidad, la charlatanería, la payasada y la incoherencia.

Así las cosas, el panorama no es para nada esperanzador. En estos momentos es abiertamente imposible diferenciar, políticamente hablando, a un Estado modelo y admirable de una “república bananera”. En ambos hay gobernantes que bajo ninguna consideración podrían ser tomados en serio en ninguna parte. Claro está, en el tercer mundo pululan estos personajes, pero en el primer mundo ya no son tan extraños. He ahí la gran preocupación, porque si eso está pasando en donde era impensable que pasara, pues apague y vámonos.

Todo esto genera desesperanza para un sector de la población, tan consciente de lo que ocurre como impotente para evitarlo, pues en el mundillo electoral del populismo se está haciendo prácticamente imposible unirse con éxito a un proyecto político serio, correcto y responsable. Esto hace que los políticos que en algún momento posaron de serios, porque lo eran, hayan decidido mutar al populismo. La razón es que antes que políticos responsables son políticos, y les gusta ganar elecciones al precio que fuere. Para ello, claudican en el proceso de decir lo que piensan y saben es lo necesario y correcto, y se lanzan hacia todo aquello que hoy hace ganar elecciones: la mentira, el populismo y el engaño.

En ese ambiente es complejo hacer política. No todo el mundo, con algún nivel de liderazgo o aceptación ciudadana, está dispuesto a tirarse al ruedo de la política o seguir en él, pues no están interesados en proponer lo contraevidente, lo falso, lo embustero y lo irrealizable, por bonito que parezca y aplausos que levante. ¿Por qué? Porque ante todo tienen sentido de la ética y la dignidad.

Dirán ustedes: entonces si no están dispuestos a mentir y engañar, no son políticos. Y diré yo, tienen razón. Y es ahí en donde está el verdadero problema. Hoy en día, hasta nos acostumbramos a verlos mentir, prometer lo imposible y decir idioteces, pero, lo que es peor, nos acostumbramos a defenderlos a muerte y a votar por ellos.

Por esto es evidente que se requiere de un revolcón generacional que cambie la política y que cada uno de nosotros decida apoyar, ayudar y votar por quien de forma aislada, siendo serio, esté en la política, o al menos por el menos irresponsable de los candidatos, así no esté de primero en las encuestas. De otra forma nunca ganarán y siempre perderán la sociedad y la propia política.

La política está en llamas, pero cada ciudadano es un bombero. Basta votar bien, ejerciendo el sufragio, pero ejercitando la mente.

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2019-08-14T00:00:00-05:00

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