Por: Armando Montenegro

La política sexual de Rafael Correa

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, acaba de dar un viraje en su política para tratar de reducir los embarazos de las menores de edad de su país.

En lugar del programa denominado Enipla, que privilegiaba la distribución de información sobre temas sexuales y la provisión de condones y anticonceptivos a los jóvenes, ha lanzado Familia Ecuador, una iniciativa cuyas bases son semejantes a algunas ideas pregonadas en Colombia hace unos años por el presidente Uribe.

Familia Ecuador trata de que los muchachos ecuatorianos practiquen la abstinencia sexual —busca que “aplacen el gustico”—. La forma de posponerlo consiste en inculcar valores sobre la contención de los apetitos, por medio de la vinculación activa de los padres de familia a la orientación de sus hijos. Se aspira a lograr que el 30% de los jóvenes ecuatorianos se abstengan de tener relaciones sexuales.

El presidente Correa ha señalado que una de las principales motivaciones de la nueva política es que la distribución de anticonceptivos, uno de los pilares de Enipla, “incitaba al hedonismo”, al “placer por el placer”, algo comparable al comportamiento de su perro Segismundo. El País de Madrid reporta que el mandatario se lamenta de que los jóvenes obtuvieran condones “como chicles” en las ferias de salud del gobierno.

Con esta política, el presidente Correa, ya conocido por su aversión a la libertad de expresión y crítica, se une a otras figuras autoritarias, de izquierda y de derecha, como el generalísimo Franco, Lee Kuan Yew (quien castigaba con cárcel el comer chicle en la calle), Kim Jong-un y los hermanos Castro (hasta hace pocos años perseguían a los homosexuales), quienes se han esforzado por imponer a sus gobernados sus estrechas concepciones sobre la vida privada.

La funcionaria que maneja la nueva política de Correa se llama Mónica Hernández, una médica experimentada, compañera del presidente Correa desde que hacían parte del controvertido movimiento de los Boy y Girl Scouts, quien afirma que, aunque es católica, no milita en el Opus Dei, pero sí reconoce que profesa una gran admiración por los miembros de esa organización. La doctora Hernández se opuso a que existiera una línea telefónica para proporcionar información de temas sexuales a los muchachos y, con especial énfasis, está en contra de la píldora llamada del día después. Por supuesto, también es enemiga jurada de la adopción por parte de parejas gais.

El gobierno de Correa pretende que los colegios se pongan a la vanguardia de la guerra contra el sexo temprano y el hedonismo de los jóvenes ecuatorianos. Allí, supuestamente, se inculcarán los valores sexuales de los gobernantes tanto a los jóvenes como a sus padres. En particular, los padres de familia recibirán el adoctrinamiento sobre sus responsabilidades en cursos de ocho horas, el mismo que, supuestamente, los equipará para hacer que sus hijos puedan contener sus tempranos apetitos.

Mientras esto sucede, la prensa reporta que los jóvenes ya no consiguen, como antes, condones en los dispensarios del Estado.

En Colombia, hace más de veinte años, el ministro Juan Luis Londoño, sin mayor oposición, lanzó un exitoso programa de protección contra el sida y otras enfermedades de transmisión sexual que se denominó “Sin condón ni pío”. La nueva política de Correa podría denominarse “Ni condón, ni pío”.

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