Por: Mauricio Botero Caicedo

La pregunta de los US$177,26

El título de esta columna parafrasea el nombre de un exitoso programa de televisión en Estados Unidos durante los años cincuenta, "The 64.000 dollar question" (La pregunta de los 64.000 dólares), programa que en diferentes versiones fue plagiado en el continente.

El reconocido periodista Eduardo Porter, en reciente artículo en el New York Times (julio 4/12), afirma que las estadísticas y logros que divulgan los gobiernos, como el aumento o disminución en el área sembrada en coca, o la droga incautada, no revelan mayor cosa, ya que la cifra realmente importante es 177,26. Señala el periodista que 177,26 dólares es el costo promedio de un gramo de cocaína, precio un 74% por debajo de lo que costaba hace 30 años. Si se acepta que a mayor oferta, menor el precio, esta demoledora cifra (como bien lo señalan varios columnistas, entre ellos Daniel Samper Pizano) pone en evidencia un hecho que muchos se niegan de manera inexplicable a reconocer: el fracaso total y absoluto de la ‘guerra’ contra el narcotráfico.

Un importante número de políticos y comentaristas (para refutar el argumento de fracaso de la ‘guerra’) citan el éxito del Plan Colombia. Es verdad que el Plan Colombia es uno de los programas más exitosos a nivel mundial en la erradicación de cultivos ilícitos. Pero igual que con las fajas que no hacen desaparecer los ‘gorditos’ sino que los desplazan hacia otras partes del cuerpo, el Plan tuvo consecuencias predecibles: los cultivos de coca se desplazaron, principalmente a Perú y Bolivia, mas no desaparecieron. (Los cultivos de coca en Colombia, entre el año 2000 y 2012, disminuyeron en un 65%, mientras que en el Perú aumentaron en un 40% (a 61.000 hectáreas), y en Bolivia se doblaron, llegando a 31.000 hectáreas. Entre 2009 y 2010 la producción de coca en el Perú creció en un 44%, llegando a 325 toneladas, mientras que la producción colombiana disminuyó a 270 toneladas métricas).

El problema de la cocaína, como lo señala Porter, no radica en la oferta, sino en la demanda. Los norteamericanos han gastado US$8.000 millones ayudando a erradicar cultivos de coca en Colombia, en el erróneo convencimiento de que el éxito en la erradicación disminuiría el consumo de la cocaína en EE.UU. La verdad es que los cultivos no desaparecieron, se desplazaron. Mientras que exista demanda, es ingenuo pretender que no va a haber oferta. A nivel global, el gobierno estadounidense gasta entre 20.000 y 25.000 mil millones de dólares por año en reprimir el tráfico de drogas. El costo en vidas, cuyo precio es incalculable, sobrepasa las 35.000 por año. Lo único que la ‘guerra’ ha logrado, aparte de desplazar los cultivos, es hacinar las cárceles con consumidores y adictos.

Siendo el fracaso de la ‘guerra’ un hecho tan incontrovertible como evidente, la pregunta que toda persona sensata se debe hacer es ¿por qué los países consumidores no replican en el caso de los estupefacientes las mismas exitosas políticas que han seguido contra una droga que muchos consideran aun más adictiva que la cocaína: el tabaco? Con base en políticas de educación y prevención, combinadas con una serie de incentivos como los altos impuestos que hacen más oneroso su consumo, muchos países, especialmente los Estados Unidos, han logrado disminuir de manera dramática el consumo de tabaco. ¿Por qué no adelantar un estudio serio e independiente a nivel global del impacto que tendría a largo plazo invertir los monumentales recursos de la ‘guerra’ en prevención, disuasión y tratamiento médico relacionado con el uso de estupefacientes, y no en la represión? ¿Será que para muchos la ‘guerra’ es un negocio, mas no así la ‘regulación’ acompañada de la prevención? ¿Por qué es tan difícil aceptar que la ‘guerra’ está perdida?

 

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