Por: Juan David Zuloaga D.

La presentadora nacional

Nunca he estado en Bulgaria, pero imagino Sofía como una ciudad misteriosa y no muy grande, de veranos cortos, primaveras esquivas, otoños acentuados y prolongados inviernos.

Una ciudad en la que una difusa y sutil melancolía transita por las calles y se aposenta en las pequeñas plazas, inundando con su halo misterioso pero perceptible los pequeños cafés del centro que prenden sus luces al caer la temprana tarde, para iluminar las conversaciones pausadas y en baja voz de los contertulios que dan vida al lugar. Un poco como imaginaba Varsovia o Budapest antes de conocerlas.

Nunca he estado en Bulgaria pero hace unos meses tuve la oportunidad de conocer, por ciertos azares que acaso no vengan a cuento, a Dobrina Chesmedjieva, presentadora del principal noticiero (y el de mayor audiencia) de la televisión nacional búlgara. Era una tibia mañana de la Toscana, algo nublada, aquella en la que departimos unos minutos mientras ella bebía un café.

Fueron escasos los minutos de la charla, pero bastaron para cambiar algunas impresiones sobre la situación política de Italia, de Colombia, de Brasil (pues nos acompañaba una diputada del vecino país), después de haber hablado de literatura rusa, Iván Goncharov, por ejemplo, o de Daniil Kharms, escritor que ella encontraba interesante y que tuvo a bien recomendarme. Hubo también tiempo de hablar de su trayectoria: había emprendido estudios universitarios sobre la cultura de la Antigüedad, por lo que conocía bien el latín, el griego clásico y el búlgaro antiguo. Lenguas que le eran de provecho para los cursos de italiano que a la sazón tomaba en Florencia. Luego, hizo estudios de periodismo (supongo que algo similar a lo que acá sería comunicación social). Ya ven, una conversación sobria y animada a un tiempo, que delataba en mi contertulia una mente clara, un ánimo tranquilo y un espíritu enterado y culto.

Así recuerdo aquella mañana. Y la traigo a colación porque me gusta imaginar la situación análoga en una soleada mañana bogotana, con alguna de las presentadoras de alguno de los noticieros nacionales de mayor audiencia. “Italia, sí, divino, me encanta. Cuando voy a Roma nunca dejo de pasar por Via dei Condotti para visitar Gucci, Salvatore Ferragamo y Valentino. A mí ruso, te digo Juan David, ni el vodka y de los judíos mejor no hablar. Tú sabrás. La universidad —nos confiesa la presentadora, escondiendo su vergüenza y su orgullo en una sonrisa vaga—, la universidad, te decía, no la terminé, total, para lo que enseñan en esa facultad... ¿Novelistas? Sí, claro, muchos. Mi favorito es Fernando Gaitán”.

atalaya.espectador@gmail.com

 

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