Por: Gonzalo Hernández

La propuesta fiscal del presidente Uribe

La influencia política del expresidente Uribe se mantiene vigente luego de los resultados del pasado domingo. Y sus propuestas gubernamentales, además de sostener la agenda de Iván Duque, son un referente programático para los otros candidatos presidenciales.

Es imposible, por eso, dejar pasar de largo la pieza de publicidad política en la que el expresidente invita a respaldar al Centro Democrático porque ese partido “votó en contra de las reformas tributarias”. Sentencia en su intervención: “Proponemos menos gasto público, menos impuestos, mejores salarios”.

Es una promesa fiscal tipo Trump. Promete reducir el tamaño del sector público y es populista. Suena consecuente ante el descontento generalizado por la corrupción del Estado, pero es superficial. Ofrece un falso dilema en el que toca elegir entre un Estado ineficiente y su desmantelamiento.

A diferencia de lo que mucha gente puede creer con una combinación de optimismo e ingenuidad, la promesa de reducir el tamaño del Estado no pasará, de repente, por el debilitamiento de los grupos de interés privados que se apropian de una parte de los recursos públicos, y que financian las campañas políticas para garantizar su permanencia.

En cambio, el ajuste en el tamaño estatal sí pasaría por menos recursos para la política social. Si se limitan los servicios sociales del sector público -por ejemplo: educación y salud- lo pobres nunca tendrán lo mínimo para acercarse siquiera a las puertas del mercado dinamizador de ensueño que promete el populismo de derecha.

Con un Estado más pequeño en Colombia, las ventajas y oportunidades que los mercados pueden ofrecer llegarían a menos personas, la promesa de mejores salarios no sería cierta para los más pobres, el ingreso se concentraría más, y se acentuaría la segregación y la exclusión social.  

En realidad, se necesitan más impuestos progresivos pagados por las personas naturales de más altos ingresos y riqueza –sin que se camuflen como personas jurídicas emprendedoras- y más gasto, orientado estratégicamente, para aprovechar las capacidades de nuestros ciudadanos desempleados y subempleados. ¿Beneficios tributarios para las empresas? Sí, pero para aquellas que crean empleos, no con el objetivo de que aumenten sus ganancias.

El país no debe reducir ahora el tamaño del Estado para superar los problemas de fondo, en especial para consolidar la paz. ¿O será que estamos frente a un plan fiscal para minar los acuerdos? Lo cierto es que, así como el país decidió que sus impuestos se usaran para financiar la guerra, es hora de que decida usarlos para construir un país incluyente.

La promesa fiscal tipo Trump de la derecha, con menos impuestos y con menos gasto público, debería preocupar particularmente a los de abajo. Si la democracia reflejara los intereses económicos de la mayoría de los colombianos, y si los demás defienden un desarrollo para Colombia sin exclusión social, esa promesa fiscal no debería llegar a segunda vuelta.

* Profesor asociado de Economía y director de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana.(http://www.javeriana.edu.co/blogs/gonzalohernandez/

 

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