Por: José Manuel Restrepo

La protección del trabajador y no del empleo

Estamos cerrando noviembre de 2017 y, como es natural en estos cierres anuales, surge de nuevo la discusión sobre el salario mínimo. Aparecerán como antes de un lado los sindicatos defendiendo la capacidad de compra y dignidad de los trabajadores y sus familias, y proponiendo un incremento significativamente por encima del valor de la inflación proyectada para el año en curso; y del otro lado los empresarios insistiendo en que si bien el aumento salarial debe reconocer la capacidad de compra de los trabajadores, debe igualmente corresponderse al aumento de la productividad de la economía. En medio de ese debate habrá voces que digan que un incremento salarial muy bajo no compensa los altos costos derivados de los aumentos de los impuestos de la última reforma tributaria y aun el impacto de los aumentos de la tasa de cambio sobre los bienes consumidos e importados; otros dirán que un aumento alto del salario mínimo puede generar de nuevo riesgos inflacionarios y podría incrementar el desempleo. Y como disco rayado, al final terminaremos en un relativo punto intermedio para proteger el empleo, sin abordar quizás asuntos esenciales del tema del trabajador y su futuro.

Sobre esto último, el Premio Nobel de Economía de 2014, Jean Tirole, ha sido reiterativo, y lo hizo recientemente en una visita a América Latina. Para el destacado académico, el fenómeno de globalización ha vuelto a nuestras naciones en términos absolutos más prósperas, pero ha traído también consecuencias peligrosas para los trabajadores. De un lado dicha globalización atrae mercancías mucho más baratas del mundo entero que compiten con las débiles y poco competitivas industrias internas, y con ello destruyen empleo. Como reacción, algunas naciones acuden de nuevo al proteccionismo, agravando la enfermedad, porque terminan las naciones creando falsos monopolios y empleos deficientes que además de ser vulnerables, acaban con el empleo que generaba la industria que se preparaba para exportar al someterla a represalias del mundo.

La propuesta de Tirole es superar esa visión rentista y cortoplacista de la economía y de los mercados laborales, y más bien diseñar políticas y estrategias desde lo público que protejan realmente al trabajador y no al empleo. Tirole a lo que apunta es a que como sociedades seamos capaces de responder con una mejor formada clase laboral que sea capaz de enfrentar con éxito y extraer oportunidades de esa que se ha llamado la cuarta revolución industrial, para así contribuir de mejor forma al desarrollo y competitividad empresarial. Se trata de preparación para las nuevas tecnologías en el trabajo, de una educación más pertinente a las necesidades de futuro del sector real, de un educación centrada en la innovación y la creatividad, de programas más efectivos y generosos de seguridad social, de capacitaciones centradas en que el trabajador aprenda a aprender más y para toda la vida, entre otros asuntos. De no recorrer este camino, dice el Premio Nobel, la globalización nos puede dejar solo con los perdedores de la misma que terminarán alimentando los ejércitos de los populistas y de quienes abusan de su derrota en beneficio personal.

En la perspectiva colombiana, esta discusión del aumento del salario mínimo puede ser una buena oportunidad para que no nos quedemos sólo en la búsqueda de un promedio de aumento, sino en compromisos del sector empresarial para identificar cuáles son sus verdaderas necesidades de talento humano a largo plazo, y no basado en su tradicional miopía; y esfuerzos de la academia, la empresa y lo público para fortalecer la capacitación del talento humano, con mirada de largo plazo y de pertinencia, para lo que el país necesitaría para estar a tono con las necesidades de esa cuarta revolución industrial. Pensar a largo plazo en el talento humano con esta mentalidad es pensar con una lógica de incertidumbre, que únicamente se resuelve si finalmente somos capaces como economía de propiciar nuevos espacios de innovación y desarrollo tecnológico.

De pronto la pregunta clave a contestar es la que hace Tirole: ¿cómo la economía digital va a cambiar tu trabajo y el mundo? Y complemento, ¿y cómo ustedes Gobierno, Empresa y Academia son capaces de prepararse para ello?

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