Por: Luis Carvajal Basto

La protesta y “los demás”

Así como el gobierno no debe desconocer  los hechos y magnitud de las demandas presentadas, las convicciones o intereses de los convocantes del paro no pueden hacerles  ignorar, llevándoles  a  arrollar,  los derechos de quienes no protestan. Carece de autoridad moral para  invocar el incumplimiento de la ley  quien no la respeta. No se puede estimular, para hacer mala política, la “dialéctica del resentimiento”.

Una encuesta del Centro Nacional de Consultoría le puso cifras a lo que es, en realidad, un precepto  constitucional: 71% de  encuestados reclaman volver a la normalidad. ¿Sorpresa? Estas cifras han sido controvertidas pero no son aisladas, si se analizan recientes mediciones y los resultados de las presidenciales, por ejemplo.

De acuerdo con datos preliminares  la zozobra creada por el paro se ha estimado  como  superior al  billón de pesos, en el caso del comercio, y medio billón en el de los pequeños industriales. Sin tener en cuenta el efecto en la inflación de la devaluación, ocasionada por la pérdida de confianza, estos son, por  ahora, los costos de la notificación  de las demandas, único logro de las movilizaciones hasta hoy. Ni hablar de la destrucción de los bienes públicos, un retroceso cultural que lamentaremos. ¿Se puede reclamar sobre lo que es de todos destruyéndolo?

Cuando los ciudadanos se movilizan en las calles  para expresar sus demandas  podemos suponer que estas no han sido escuchadas; o que los canales habituales se encuentran obstruidos; o  que se agotaron todos los recursos, lo cual se convierte en una justificación moral para explicar su conducta. ¿Será este nuestro caso? ¿Existe ese nivel de incomunicación y arbitrariedad por parte del Estado, en un país en que la alternación y la tutela funcionan, y entre nosotros mismos?

Varias demandas del comité de paro no han surtido el trámite respectivo en el Congreso; algunas, como las reformas laboral y de pensiones ni siquiera son iniciativas gubernamentales (aun siendo indispensables para muchos, incluido este columnista) ;otras, como el cumplimiento de acuerdos, dependen del gobierno y de su capacidad presupuestal(no estaban financiadas) pero este no las ha desconocido; otras, son tan indispensables que, por el contrario, se han convertido en políticas públicas y están incorporadas en la estructura del Estado y la política de seguridad  del actual gobierno, como la protección del medio ambiente, y para otras, sería necesario consultar a la ciudadanía o al congreso, a riesgo de  pasar por encima y arrollar también  nuestro ordenamiento institucional.

La movilización estudiantil, por ejemplo, puede explicarse de muchas maneras, siendo seguramente la más importante su propia condición y  natural capacidad  de crítica; el reconocimiento de las dificultades y retos del mundo que les rodea y les espera, pero no se puede desconocer el esfuerzo del  gobierno, en una complicada situación fiscal, hasta lograr  un presupuesto para el sector en 2020 superior a 44 billones, el más alto de nuestra historia, con un incremento real superior al 10% , en relación al de 2018.

Una pregunta de cajón: ¿Por qué los convocantes del paro no consideraron  previamente  llevar sus demandas a un congreso (como ha ocurrido ahora) en que el gobierno no ha buscado ni conseguido mayorías ,al punto de provocar, recientemente, la renuncia del ministro de defensa? ¿No tenían allí garantías?

La debilidad del gobierno en el congreso; su voluntaria “renuncia” a consolidar una coalición de gobierno, como advertimos en esta columna desde su posesión, en el fondo, pudo propiciar la situación que hoy observamos. La ampliación de las demandas el jueves anterior, se parecen más a un inventario de males y dificultades, faltando los zancudos, que azotan a Colombia.

¿Realmente alguien cree que este o cualquier gobierno tiene la capacidad para solucionarlos de tajo? Ni siquiera un “mago”. Llegamos hasta aquí como consecuencia de nuestros propios actos como sociedad y país; hemos convivido  con la corrupción; la mala gestión y el narcotráfico durante décadas. ¿Hasta ahora lo estamos descubriendo?  Amerita  un paro, no  contra el gobierno sino contra nosotros mismos y  la cultura  de corrupción e ineficiencia que nos hemos permitido.

Faltando tanto por investigar, discutir, consensuar y decidir, y sin que nadie pueda argüir la propiedad de la razón absoluta, lo menos que podemos hacer es respetarnos; cuidar lo que hemos logrado construir como nación, comenzando  por respetar los derechos de “los otros”, mucho más si, como en este caso, se trata de las mayorías. Nadie puede olvidar que el presidente fue elegido por un sector de opinión que, previamente,  había ganado un plebiscito. A propósito de ello  el ministro Carlos Holmes no amenazó con “reprimir” las movilizaciones; más bien advirtió con hacer su propia movilización ciudadana. ¿Alguien quería resucitar la polarización, como advertimos hace unos días?

@herejesyluis

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2019-12-02T00:00:29-05:00

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La protesta y “los demás”

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