Por: Humberto de la Calle

La psicología de Chávez

VUELVE A CARGAR CHÁVEZ CONtra la rancia oligarquía colombiana. Hagámosle seguimiento al origen de esta fobia.

La infancia de Chávez transcurrió en medio de penurias materiales y psicológicas. La pobreza vino acompañada de una explosión familiar acelerada. Su madre, Elena Frías de Chávez, tuvo al primogénito, Adán, a los 18 años, y 15 meses después nació Hugo, seguido de una larga serie de gestaciones que llevaron a la familia a confiar la crianza de los dos mayores a la abuela Rosa Inés Chávez. Cuando la madre quiso recuperar a sus dos hijos, su marido Hugo de los Reyes se opuso. Hugo no regresó jamás a la casa paterna. Las relaciones con su madre carecieron de la calidez del cariño por su abuela, a quien Hugo llamaba “querida mamá”. En carta del 31 de agosto de 1971 le dice: “Por último te digo que siempre me he sentido orgulloso de que me hayas criado y yo poder llamarte mamá. Bendíceme, tu hijo que te quiere”. Herma Marksman, antigua amante suya, afirma que Hugo quería más a su padre que a su madre. Alguna vez se le pregunto si amaba a ésta. Contestó. “No. Yo la respeto”.

Dejando de lado cualquier análisis freudiano, es un hecho que las privaciones a que se vio sometido marcaron su activismo antioligárquico. Eduardo Chirinos, conocido psiquiatra de izquierda, señala: “Chávez siente genuino desprecio por la gente oligarca, en el sentido no solamente de la posesión de dinero, sino de la afectación a través de los gestos, del lenguaje… de modo que en esto hay en él una evidente bipolaridad de acercamiento al humilde y de rechazo a los todopoderosos”. (Remito al lector a Hugo Chávez sin uniforme, de Marcano y Barrera).

Es entonces explicable, en este contexto, que en una evidente regresión Chávez rompa todo discurso lógico, en parte en un acto primario, en parte también como una cortina táctica para mantener viva la estrategia central: un esquema de dominación geopolítica del socialismo del siglo XXI, cuyo carácter expansivo es indiscutible. Veamos: El niño (Chávez) extravía el jarrón. La vendedora (Suecia) le reclama. El niño contesta: mi hermanito (Colombia) es un tal por cual. Teatro del absurdo.

Lo verdaderamente preocupante en el campo diplomático es que Lula y Bachellet pidan que en Unasur se revise la cooperación norteamericana por el uso de las bases militares colombianas y no pidan explicación alguna a Chávez sobre la presencia de los cohetes en manos de las Farc.

Aunque le va a resultar costoso a Colombia, la propuesta Lula-Bachellet no puede ser aceptada. Primero, porque Unasur se basa en el consenso. Y, segundo, porque Colombia no puede ser llevada al banquillo de los acusados por un ejercicio legítimo de su soberanía. Y menos bajo la presidencia de Correa.

Por fortuna hay políticos maduros: Gaviria Trujillo, jefe de la oposición, en hora buena ha apoyado al Gobierno a nombre del Partido Liberal y ha señalado que, aunque esta agrupación tiene críticas sobre el manejo de esta situación, las pospone para no perturbar la tarea del Gobierno.

Sin caer en grandilocuencia patriotera y sin dar alaridos de combate, es la hora de la unidad nacional alrededor del Gobierno.

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Carátula de Newsweek en circulación: el éxodo de profesionales competentes que huye de Chávez arriesga el futuro de Venezuela.

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