Por: D. Buenavida

La Puerta Grande

Montado hace seis meses por muchachos jóvenes con amigos españoles y para clientes jóvenes. Con pretensiones mediterráneas, como pregonan en algunas reseñas. Ofrece tapas españolas, servicio de restaurante y de bar. El ambiente es agradable. Un sitio para pasar una noche alegre en con tapas y vinos y música.

La carta está dividida en “raciones”, diez y seis con precios entre $4.500 y $14.900: patatas bravas, patatas alioli, tortilla de patatas calamares, croquetas de jamón, chorizo con pan frito, huevos estrellados, pulpo a la gallega y otros. Tapas: setas de “temporada” (¿?) con finas hierbas, queso manchego y ocho montaditos (un trozo de pan tostado a la plancha con algo encima: chorizo, jamón serrano, langostinos y otras cosas), precios alrededor de $4.500. Las raciones son grandes y se puede pedir media porción. Siete platos fuertes: calamares, arroz marinero, paella, pescados y pollo, con precios alrededor de $30.000, dos ensaladas, una de atún fresco. Cinco postres a $6.500.

Nos recibieron con pedacitos de tortilla de papas con pan y pataco de cortesía. Arrancamos con media ración de patatas bravas, cocidas y luego fritas, estaban muy buenas, la salsita picante, rica. Seguimos con “boquerones de tilapia”. Los boquerones son unos pececitos abundantes en el Mediterráneo con lomo azul y vientre plateado o sea que decir boquerones de tilapia es como decir pollo asado de cordero. La tilapia en vinagre, como hacen los boquerones en España, resultó un buen plato. A falta de boquerones buena es tilapia. Las albóndigas, aceptables. Media ración de croquetas de jamón serrano apenas aceptables.

La cosa se puso trágica cuando nos dijeron que el plato del día era cochinillo español. Como la experiencia de comer cochinillo en Segovia, y en muchos restaurantes de Madrid, para no ir muy lejos, es inolvidable, pensamos qué maravilla tener otro sitio en Bogotá donde repetirla (doy fe de que en Bogotá hay un buen restaurante donde hacen un cochinillo que se acerca a los de Madrid). La frustración fue grande. En primer lugar, para servir un buen cochinillo hay que contar con cochinillos, esto es, un animalito lechal con alrededor de 21 días de nacido. Sin estos animalitos no hay cochinillo bueno. Lo que nos ofrecieron en la Puerta grande era un “cochino” de bastante más edad, que estaba ya próximo a aspirar a ser “lechona tolimense”. Nada del cuero tostado y “crocante” y la terneza del cochinillo que hacia Cándido en Segovia. Él se ufanaba de partirlo con el canto del plato. No se notaba ni el más mínimo conocimiento de lo que es un cochinillo, ni de cómo se cocina. De postre “Crema Catalana”, muy pero muy deficiente. Nada de la textura untuosa de la verdadera crema catalana. Hicieron un intento de caramelo encima, como la “creme bruleé”, y consiguieron mitad caramelo y mitad azúcar sin caramelizar.

De esta corrida no salió el torero por la puerta grande ni hubo orejas, ni vuelta al ruedo.

Carrera 12 Nº 93-64. Tel. [email protected]

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