La puntita no más

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“La puntita no más, que soy doncella. La puntita no más. No toda ella...”. Es de Ripley. Si no fuera tan grotesco y doloroso lo que sucede en este país, sería mucho más divertido que ir al circo, porque las cosas que suceden no salen ni en el País de las Maravillas. Allá solo había conejitos blancos, reinas de corazones y el espejo atravesable. Pero en Colombia son casos y cosas reales... vamos por partes.

— El Concejo de Bogotá, en uso de sus facultades legales o ilegales (eso importa un comino), decide “desincentivar“ las corridas de toros. No las prohíben, entonces se sacan de la manga, o del bolsillo izquierdo, o del sobaco, la desincentivada. Como escribe Antonio Caballero en Semana: toros sin toros. Prohibidas las banderillas, la pica y la muerte... La puntita... Se supone que ese soberbio animal, nacido para la lidia y protagonista del arte más limpio que existe, salga, lo aplaudan, dé unas cuantas vueltas al ruedo, el lidiador de turno le dé unos pases de capote, algunos de muleta, haga una venia, se retire y el toro majestuoso vuelva al chiquero donde se le asestará un escopetazo en la testuz para luego llevarlo al desolladero.

— La vicepresidenta de Colombia olvidó decir que un hermano suyo había sido narcotraficante de heroína y arrendaba mulas con la sustancia escondida en los estómagos (¿qué tal que se hubieran muerto?). Claro que no fue ella, pero se olvidó del incidente pagando la “garantía” y siguiendo tan campante en su carrera política, inflexible y tajante ante los “errores” de los demás ciudadanos. La puntita no más...

— Llegan soldados estadounidenses, al mando de un almirante curtido. No se sabe a qué vienen, ni qué van a hacer, ni dónde van a vivir, ni cuáles estrategias van a enseñar. Tampoco van a recorrer el territorio nacional. Se rumora que son los retirados de Irak o Afganistán. Nadie sabe qué pasa. La puntita no más...

— Claudia Blum, nuestra canciller —y no es nada personal, le profeso mucho cariño—, es la imagen oficial de Colombia ante el mundo, pero está “impedida” debido a razones empresariales y comerciales de su familia para hablar, opinar y participar casi en todos los temas fundamentales de la política exterior (la nombraron, pero calladita se ve mejor). Sobre todo si el mindefensa es coetáneo, pero no amigo. La puntita no más...

— Asesinan y asesinan a líderes sociales. Se convierten en una estadística, nadie asume responsabilidades. Se hubiera quedado todo así, en la puntita no más, si no es por varios columnistas que están en la tarea valerosa de darles rostro, nombre, apellido y contar sus historias para visibilizar un poco esta desangre que sigue desgarrando el país.

— Acaba de salir un “genio” de pronto, no cuestiono sus buenas intenciones, a proponer un enredo que nadie entiende y que ya fue un fracaso en España durante el gobierno de Zapatero, pero nos lo quieren vender como la fórmula mágica para los adultos mayores, con el título macabro de hipoteca inversa, que dará pie a toda clase de abusos y trapisondas. La puntita no más de lo que podría convertirse en el iceberg del Titanic en este país tan correcto.

— Nos damos golpes de pecho por el abuso policial contra los afrodescendientes en Estados Unidos, nos rasgamos las vestiduras y nos solidarizamos con la decapitación de estatuas (que no tenían por qué haber existido) y no miramos el racismo nuestro y la discriminación de la que hacemos gala todos los días de nuestras vidas. El blanco mira por encima del hombro al mestizo, el mestizo al indio, el indio al negro, el gerente desprecia al subgerente, este a su secretaria, la secretaria a la de los tintos, la de los tintos al ascensorista, el ascensorista al barrendero, el barrendero al que recoge la basura, el que recoge la basura al que la escarba, el indigente de estrato seis desprecia al indigente de Ciudad Bolívar. Y todos son puntitas no más...

— El Gobierno central aprovecha este coronavirus para coronar su imagen y en la televisión nos muestra su mejor cara: rosadita, ingenua, fresca y tierna, mientras se preparan oscuras cosas en las cocinas palaciegas. La puntita no más, que soy doncella.

Posdata. Podemos salir, pero unas horitas. Podemos mercar, pero sin ir al mercado. Podemos comprar, pero pocas cositas. Podemos estornudar, pero en el clóset. Podemos protestar, pero con mucho cuidado... o nos demandan.

Posdata II. Pregunto si en las peleas de gallos se permitirán cortarles las espuelas y las crestas a los gallos. Y si el boxeo, que descerebra al caído, se permitirá, pero sin guantes... y el fútbol sin barras. Todo delicadito, como lo dice la doncella.

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