Por: Columnista invitado

La quiebra del campo y las soluciones simples

Quiebran cafeteros, cacaoteros, arroceros y algodoneros, pero se insiste en que el campo es la solución y en que debemos volvernos allá. Basta dividir los veinte millones de hectáreas agrícolas entre los dos millones de familias que viven en el campo para darse cuenta de los límites reales de esa supuesta solución.

La quiebra de los cafeteros hace recordar que durante decenas de años el café sostuvo el comercio exterior colombiano, que en el Eje Cafetero se construyó con esos dineros la mejor infraestructura del país y que varios millones de colombianos prosperaron durante tres o cuatro generaciones gracias a la solución extremadamente compleja que ellos mismos construyeron: la siembra bajo sombrío, el Pacto Internacional, el Fondo Nacional del Café y la Federación. Todo eso se transformó cuando se decidió simplificar la solución y acogerse al mercado.

Hoy sería bueno reconstruir la solución compleja e, inclusive, aplicarla a otros cultivos, pero el entorno ideológico actual exige afrontar mayores complejidades: las generadas, paradójicamente, por una decisión simple, la de entregarse por tratado a las decisiones del mercado. Por eso los productores del campo, grandes y pequeños, enfrentan ahora una triple complejidad: la del clima, los suelos y las plagas tropicales, la de la revaluación originada en la minería y el narcotráfico y la de los precios internacionales. Ojalá esa situación se tenga en cuenta en La Habana.

Las dificultades del campo, aumentadas con la firma del TLC con Corea del Sur, conducen a reflexionar acerca de las políticas que ese país siguió para convertirse en potencia internacional en poco tiempo y en medio de grandes problemas sociales y políticos. Claro que la ayuda monetaria de los Estado Unidos tuvo un papel importante, pero si no se hubiera invertido casi toda en educación e investigación y si las élites tradicionales no se hubieran convertido en élites industriales, ese país estaría solicitando nuestra ayuda militar como la pidió y la obtuvo hace sesenta y tres años.

Se dirá que también los industriales colombianos están quebrando y para eso nuestros parientes asiáticos, parientes genéticos lejanos, pueden darnos buenos ejemplos de soluciones complejas para competir en los mercados internacionales. Entre ellas construir nuevas ciudades en las costas, ciudades competitivas, modelos de sostenibilidad ecológica, de innovación tecnológica, de integración social y de calidad de vida, solución que a algunos “urbanistas” colombianos les parece ilusa e ingenua, pero que tiene suficiente complejidad ambiental para lograr resolver algunos de los problemas complejos que tenemos.

 

*Julio Carrizosa Umaña

 

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