Por: María Elvira Bonilla

La razón griega

El triunfo de Alexis Tsipras en Grecia cambió el talante de la negociación de los griegos con una Europa sometida a la intransigencia alemana. La imagen del carismático Yanus Varufajis frente el ácido Wolfang Scháube, los dos ministros de finanzas enfrentados, expresa el abismo que los separa.

El uno es la voz de millones de ciudadanos griegos empobrecidos y dignos; el otro es la cara visible de empresarios y banqueros germanos con millonarios intereses comprometidos en la crisis griega, que solo les interesa que se les pague todo y de inmediato. La lucha griega trasciende sus fronteras nacionales y el momento presente. Tsipras plantea, con un éxito y audiencia creciente, la urgencia de una reunión internacional para evaluar el camino seguido para enfrentar las crisis de economías nacionales, obligadas a sacrificar sus posibilidades de recuperación y desarrollo en aras de atender exclusiva e inmediatamente sus deudas internacionales. Además busca que Alemania les pague las reparaciones de guerra ordenadas por autoridades internacionales, producto de la Primera Guerra Mundial y de la ordalía nazi sobre su economía y su pueblo.

La razón de los griegos está expuesta en aquella carta que publicó el diario Stern, enviada en el culmen de la crisis por el ciudadano griego Georgios Psomás al alemán Walter Wuellenweber. “Estimado Walter: Pasó más de medio siglo desde que la Segunda Guerra Mundial terminó, desde la época en que Alemania debería haber saldado sus obligaciones con Grecia y que se ha resistido a hacerlo. No olvidemos los préstamos obligados por US$3,5 mil millones que contrajo el III Reich a nombre de Grecia durante la ocupación alemana; las reparaciones por la destrucción de la infraestructura, pueblos enteros desaparecidos que produjo el III Reich y que según tribunales aliados asciende a US$7,1 mil millones, de los cuales Grecia no ha visto un peso (…)

En Grecia operan 130 empresas alemanas, los colosos de la industria de tu país que obtienen ganancias anuales de 6,5 mil millones de euros. Lo malo es que como están las cosas no podré comprar más productos alemanes, porque cada vez tengo menos dinero. Ustedes pretenden que nos vayamos de la Eurozona. Aunque creo firmemente que debemos hacerlo, para salvarnos de una Unión que es una banda de especuladores financieros, un equipo en el cual solo jugamos si consumimos los productos que uds. ofrecen: préstamos, bienes industriales, de consumo, obras faraónicas. Y para terminar, Walter, debemos arreglar otra deuda: ¡Exigimos que nos devuelvan la civilización que nos robaron! Tener de vuelta en Grecia las inmortales obras de nuestros antepasados, que guardan en los museos de Berlín, Múnich, París, Roma y Londres. Y pronto, porque si me muero de hambre, quiero hacerlo al lado de las obras de mis antepasados”.

El compromiso de Tsipras es con este espíritu y esa verdad que anima a los griegos, sin consideraciones ideológicas. Un espíritu que expresa mucho del malestar que hoy recorre al mundo. Así como Grecia es la cuna de Occidente, hoy su desigual y justa lucha puede ser la cuna de un cambio en la orientación y sentido de la economía y de la vida, no solo en Europa, que reclama esa civilización que ella engendró.

 

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