Por: Aura Lucía Mera

La realidad, más fuerte que la ficción

"La muerte es la falta de lenguaje", José Donoso.

Todavía lo proceso. Recuerdo, hace muchos años en Santiago de Chile, mi encuentro con José —Pepe— Donoso. Regresaba con María Pilar, su mujer, y Pilarcita, a radicarse de nuevo en su patria luego de casi 20 años por fuera. Barcelona, Madrid, Mallorca, Nueva York, Washington. Años de trashumancia. Tal vez huyendo de sí mismo. Tal vez tratando de encontrarse. En ese transcurso, adoptaron a Pilar, y él fue construyéndose paso a paso, en un gigante de la literatura universal.

Quienes recordamos a los escritores del Boom, por fuerza tenemos que recordarlo. Con El obsceno pájaro de la noche y Coronación se sitúa a la par de García Márquez y Vargas Llosa. Carmen Ballces, la gigante del mundo editorial, los acoge. Todos quedan catapultados hacia el éxito. Nace el Boom.

Lo recuerdo. Me llevó a su espléndida casa en Galvarino Gallardo, Lily Urdinola. Caleña-chilena, periodista aguda, había hecho muy buena amistad con la pareja Donoso-Serrano. Su figura delgada. La barba ya blanca. María Pilar, elegantísima, envuelta en un poncho de alpaca blanco, riéndose cuando le pregunté “qué se sentía al dormir todas las noches con el obsceno pájaro”. Unas horas cálidas. Con la suerte de que habiéndome leído casi todos sus libros, El jardín de al lado, La misteriosa desaparición de la marquesita del Loira, Donde van a morir los elefantes, me sentía libre de preguntar lo que me viniera en gana.

Pasan muchos años. Regreso a Santiago en diciembre del 2009. Gran escándalo en los medios literarios y sociales. Pilarcita, su única hija, publica Correr el tupido velo, en el que revela parte de los diarios personales de su padre; él era un obsesivo en esto y había vendido a Princeton, antes de morir, 65 carpetas donde dejaba plasmados sus sentimientos más íntimos. Su homosexualidad latente que lo hacia sentirse sucio y culpable. Su sufrimiento por el alcoholismo y las depresiones de su mujer. Su obsesión por no parar jamás de escribir.

Libro duro. Nos devela un José Donoso poseído por sus propios fantasmas, que a su vez exorciza en sus libros. Un hombre inseguro a pesar de sus triunfos. Tal vez enamorado de esa hija, que en verdad no era suya. El mundo literario de Santiago arde. Unos la juzgan. Otros la defienden. Otros descubren un monstruo en ambos. Pilarcita se divorcia de su marido y primo hermano. Un Donoso real. Tres hijos.

Regreso a Santiago. Le pregunto a mi amiga Lily sobre la vida de Pilarcita. Me dice con los ojos empañados que se suicidó. Una sobredosis de barbitúricos. La encontró su segunda hija, Clarita.

Ahora reposan en ese cementerio, en medio de las piedras embestidas por las olas del Pacífico, en Zapallar.

Pepe, María Pilar, Pilarcita. Personajes arquetipos. Angustiados. Torturados y sensibles. Cada uno es una historia. Ahora reposan juntos, para siempre, junto al mar.

Tal vez se corrió un tupido velo que estaba vedado. Tal vez el destino lo tenía demarcado. Me estremezco. La realidad sí supera a la ficción.

 

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