La rebelión de las canas debe empezar a los 40

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La pandemia ha mostrado la forma condescendiente y desdeñosa como tratamos a las personas de mayor edad. Se comenzó a hablar de “los abuelitos” (afortunadamente el término ya dejó de usarse) y de la necesidad de cuidarlos y protegerlos, por lo cual había que encerrarlos. El mensaje fundamental que se proyectó fue que las personas mayores no podían tomar decisiones inteligentes y que había que tomarlas por ellos.

Pero no solo se discrimina a los mayores de 60 años. Este tratamiento, que está fuertemente enraizado en nuestra sociedad, se gesta desde mucho antes. Un buen ejemplo que ilustra este punto es lo que sucede en el mercado laboral. Según estimaciones hechas con las encuestas de hogares (13 áreas en 2019), la tasa de participación laboral comienza a disminuir muy temprano en términos de la posible vida laboral de las personas. Para las mujeres dicha tasa comienza a bajar alrededor de los 40 años, para los hombres poco antes de los 50 (15 o 20 años antes de la edad de jubilación).

No es razonable pensar que esta temprana desvinculación laboral se deba a que ya a esas edades las personas tienen ahorros suficientes para no tener que trabajar más en sus vidas. Lo que probablemente sucede es que a esas edades ellas comienzan a tener problemas para mantener sus trabajos o conseguir nuevos empleos y muchos terminan no pudiendo volver a trabajar o haciéndolo solo esporádicamente.

Dos factores apoyan este planteamiento: primero, según las estadísticas, las tasas de desempleo de los hombres comienzan a aumentar a partir de los 46 años. Las de las mujeres no se incrementan, pero su participación laboral cae muy rápidamente. Esto indica que a partir de esas edades los trabajadores comienzan a enfrentar dificultades laborales.

El segundo factor tiene que ver con la dificultad para conseguir empleo, medida por el tiempo que les toma conseguir empleos. En promedio, en 2019 las personas desempleadas llevaban buscando trabajo entre 22 semanas (hombres) y 25 semanas (mujeres) en el momento en que fueron entrevistadas.

Sin embargo, para las mujeres de 46 años en adelante esta cifra ya estaba en 34 o más semanas. De manera similar, para los hombres de 50 años en adelante la cifra era superior a 28 semanas. En otras palabras, a medida que aumenta la edad se hace más difícil encontrar empleo, y esto se agrava especialmente alrededor de los 45 o 50 años.

Lo anterior puede estar explicado por factores de productividad y obsolescencia de las habilidades a medida que aumenta la edad de los trabajadores. Sin embargo, también puede ser un problema de discriminación (ageism, en inglés).

Hay mucha evidencia anecdótica que indica que algunos empleadores tienen como política no contratar a personas de más de 40 o 45 años. No tienen en cuenta esas solicitudes de empleo. No miran esas hojas de vida.

La Ley 2040 de junio pasado crea un subsidio para las empresas que contraten a personas que han cumplido con la edad, pero que no tienen pensión. El beneficio de esta ley probablemente será marginal.

La actitud de muchos frente a las personas de más de 60 se comienza a gestar desde años antes, cuando se les cierran las oportunidades de trabajar y ser productivos, como parece reflejarlo la situación del mercado laboral descrita aquí. Es el proceso de convertirlos en personas inútiles y, por lo tanto, incapaces de tomar decisiones inteligentes.

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